Salud, dinero… y amor

10/05/2020

J. M. Miner Liceaga.

He aquí el dilema. O cuido la salud o cuido el estómago. O intento ponerme como un roble, o me pongo una dieta de mantenimiento. Sin salud difícilmente podré cuidar de mi estómago a no ser que me apunte al paro. Pero es que si tengo salud pero no tengo trabajo, a lo mejor con el monto del desempleo todos y cada uno de los fines de mes los jugos gástricos se irán deteriorando… Difícil y compleja solución…

¿No como y desfallezco? O ¿abro la taberna y puedo hacer tres comidas durante el día, familia incluida? Y nada te digo si dentro de una misma familia, el padre dice que adelante y la madre considera que hay que actuar con prudencia. Y los hijos, por otro lado, tomando nota de lo que les puede ocurrir a ellos pasados algunos años.

Cuestión a tener en cuenta es que por abrir el negocio o por ir al super, o a la farmacia, o a la panadería con más alegría que hace una o dos semanas, nada ni nadie le puede asegurar a uno que los virus vayan a rendirse porque están subiendo las temperaturas ambientales.

Tal vez fuera conveniente hablar del sentido común. Del sentido común de todos, que los hay que hacen caso omiso del problema. La sensatez pasa por  facilitar primero al personal los medios que necesitan para atender a los perjudicados por el virus. La cifra del sanitarios afectados es, además de preocupante, digna del mayor reproche para quienes tienen que velar por la salud del conjunto de los ciudadanos. Una segunda remesa de infectados demostraría en buena medida que las alegrías de pasear o de reunirse  incluso con la familia, no son ni rentables ni aconsejables.

Puestos a reflexionar, por mucho que determinadas familias jueguen a la contra o quieran dar un paso adelante, no estaría de más que recordarán el título de aquella canción que se hizo bien popular y mencionaba, por este orden, la salud, el dinero y… el amor. Y en el peor de los casos, si se quiere recuperar el tejido industrial lo antes posible, no estaría tampoco de más comenzar por las inversiones, pongo por caso, en sanidad.

La búsqueda del equilibrio parece ser la mejor consejera. En esta nueva situación sanitaria, económica, política, social y no sé cuantas cosas más, la fórmula para conseguir que el fiel de la balanza no se incline ni a la derecha ni a la izquierda no parece ser cosa fácil. Todo lo contrario.

¿Permito media barra libre al comercio en detrimento de la salud? ¿Continúo poniendo trabas a los paseos y a las reuniones para evitar los contagios?. Solo sé que hace tan solo unos días en las farmacias de mi barrio no había guantes por ningún lado y las mascarillas, las que dicen que son buenas, costaban cerca de siete euros cada una y servían para dos o tres puestas…

¿Se puede abrir el bar si todavía, a estas alturas, muy difícilmente uno puede equiparse con relativa seguridad para ir al super o a la farmacia? Se entiende que los dirigentes políticos, sobre todo de las autonomías y de los ayuntamientos de poblaciones relevantes, están por la labor de cuidar al máximo a sus conciudadanos. El problema es que entre estos sus vecinos, amigos y familiares los hay que tienen capital necesidad de abrir sus respectivos negocios para atender a sus necesidades alimenticias y de salud.

Y volvemos al título de la canción: primero la salud y luego el dinero…el amor ha perdido bastantes puntos en los últimos meses.

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