Fin de semana perfecto en Venecia

02/09/2011

Carmela Díaz.

No hay una Venecia, hay miles de venecias. Tiene tantas caras como canales. Y como observadores y viajeros. Si uno se deja llevar, empapándose de lo que ve, tendrá una Venecia sólo para él: hay una para cada cual. No me atreveré a describirla acertando con mis palabras porque han escrito sobre ella los mejores: Shakespeare, Brodsky, Hemingway, Pound, Byron… Tiene tanta literatura a cuestas que existen lugares tan renombrados y descritos que cuando entras por primera vez es como si ya hubieses estado. Sólo puedo transmitir algunas visitas indispensables durante un fin de semana en la ciudad de las máscaras. En Venecia debes perderte en sus recovecos, escondites, callejones, ruinas, rincones ocultos, canales estrechos, puentes singulares, pero como imprescindibles para una toma de contacto: San Marcos, el Campanile, el Gran Canal, Santa María della Salute, el Palazzo Cantarini del Bobolo, el Palacio Ducal, Ca d´Oro, el Casino, la Bienal o Rialto.

Para el aperitivo del sábado: es más que obligado -casi un ritual-  acudir al Harry´s a saborear un Bellini -que sea doble-. El local es pequeño, sencillo, pero cargado de Historia y de historias, siendo casi tan protagonista como los propios personajes en la novela de Hemingway “Al otro lado del río y entre los árboles” y punto de encuentro de otros tantos escritores míticos: Scott Fitzgerald, Truman Capote, Stein, Noel Coward…

Comida del sábado: en la terraza del Gritti, en pleno Gran Canal, con las mejores vistas a Santa María della Salute de toda la ciudad, en una ubicación privilegiada, a pocos pasos de San Marcos pero en una callejuela no tan transitada. Ofrece una de las terrazas más exclusivas de Venecia. El Hotel Gritti es calificado por muchos como el impecable, una de las opciones más recomendables para hospedarse.

Cena del sábado: es pecado mortal no acudir al restaurante de la última planta del Danieli en una cena para dos. Posiblemente su terraza regala una de las mejores panorámicas que un restaurante de pedigrí puede ofrecer en todo el planeta, sino la que más. Y aún siendo reincidentes en el restaurante en toda ocasión posible, en alguna visita a Venecia es imprescindible hospedarse -al menos por una noche- en el Danieli. Su interior es el reflejo exacto de lo que la ciudad ofrece por fuera: lujo, exceso, esplendor, romanticismo, estridencia, impacto, contraste y decadencia.  Puestos a elegir, que la habitación se ubique en el Palacio Dandolo -el hotel se compone de tres palacios unidos por puentes.

Desayuno del domingo: hay que sentarse en el café más emblemático y antiguo de Venecia: el Florian. Presidiendo San Marcos se saborea el capuccino más caro del mundo, servido en bandeja de plata y con toda la parafernalia propia de la época de los duxes, escuchando acordes de piano y violín mientras disfrutas con un decorado tan perfecto como engañoso -parece cartón piedra por su armonía.

Comida del domingo: callejeando alejados del circuito más turístico, abandonado el glamour, hay que conocer la Osteria Zucca, restaurante con capacidad para tan sólo 30 comensales, coqueto, recogido, entrañable y un paraíso para los amantes de las verduras. La lasaña, el pastel de calabaza y el pesto son magníficos.

Las mejores puestas de sol: los que prefieren evitar el bullicio del epicentro veneciano pueden elegir la Giudecca, alojándose en el Bauer, convento restaurado del siglo XVI, con vistas fabulosas a San Marcos. El Bauer dispone de pocas habitaciones, todas elegantísimas, en un ambiente tranquilo, a cinco escasos minutos del centro, distancia que se recorre en barco privado que pone a disposición el hotel. Algunas de las mejores puestas de sol de la ciudad pueden observarse desde aquí. Otro atardecer inolvidable -no dejen de observar morir el sol sobre el Gran Canal alguna vez en su vida- se sitúa entre las impresionantes balconadas del Cipriani.

La Venecia más contemporánea: hay que acudir a los Grassi, el Palazzo y la Palazzina. El Palazzo fue construido por el coleccionista francés Francois Pinault para mostrar su formidable colección de arte contemporáneo, que incluye obras de  Jeff Koons, Damien Hirst o Takashi Murakami. El diseñador  Philippe Starck diseñó el interior de la Palazzina, un hotel de lujo distinto a los típicos venecianos: las habitaciones tienen espejos que cubren el techo, sillas inspiradas en pop-art, predominando los colores minimalistas como el blanco y cromo.

Twitter: @CarmelaDf

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