En cuanto comience la fase de movilidad entre provincias, una de las primeras cosas que podremos hacer será disfrutar de pequeñas escapadas de fin de semana. En la capital tenemos la zona de la sierra y sus alrededores que son perfectos para aliviarnos del confinamiento y en los que, además, se come fenomenal. Os damos las mejores pistas gastronómicas para hacer cinco excursiones redondas.
Montia (El Escorial). Esta zona siempre merece la pena. La última sensación gastro antes de la cuarentena fue Montia. Un restaurante acogedor con una filosofía clara: disfrutar de los excelentes productos autóctonos de la sierra madrileña. No hay carta, trabajan con menús diarios (corto, largo y XL) dependiendo de la oferta de los mercados y de los proveedores de los alrededores. En este restaurante nunca se sabe con antelación lo que uno va a probar porque la varía carta según mercado. Apuestan por vinos naturales, biodinámicos y ecológicos, así como por cervezas y licores caseros.
Dos clásicos en Guadarrama y San Lorenzo. ¿Quién no se ha escapado algún domingo a tomar unas gambas a Sala en Guadarrama? Una parada muy popular porque se dice que las mejores gambas de Madrid se comen en la sierra. Los fines de semana presume de ambientazo. Bien sea para tomar vermut y tapear croquetas, anchoas con piparras, mejillones en escabeche, calamares o las famosas gambas. Pero en los salones también se come muy bien a la carta: imprescindibles las chuletillas de lechal, las de conejo con mojo o el arroz caldoso con carabineros. El Charolés es todo un referente en la gastronomía madrileña y muy aclamado por su cocido. Lo sirven los lunes, miércoles y viernes -con reservar previa-. El festín lo incluye todo: cebolletas, guindillas, pan de libreta, sopa de cocido desgrasada, garbanzos de Fuentesaúco, patatas gallegas, zanahoria, berzas, repollo, grelos salteados, salsa frita de tomate con cominos, codillos de jamón, huesos de caña con tuétano, costillares de ternera charolesa (la raza que da nombre al restaurante), morcillo de vaca, chorizo de jamón y paleta, tocinos gallegos, relleno madrileño (rebozado de pan, ajo, huevo y finas hierbas), gallina vieja y ensalada de pamplinas. También muy ricos otros platos de la carta como los judiones de La Bañeza con almejas de carril o estupendas carnes, con especial mención al charolés de buey.
El Náutico (embalse de Valmayor). En cuanto salgamos del encierro pasear y quedar en plena naturaleza será todo un lujo. En El Náutico se come en la misma orilla del embalse. Merece la pena por su atractiva ubicación y su preciosa terraza con vistas al agua. Respecto a su cocina apuestan por el producto de temporada, las recetas tradicionales y algunos detalles de vanguardia con especial atención a los frutos del mar. ¿Qué pedir? Croquetas de chipirones, verdinas con carabineros o sus pescados y carnes a la parrilla. Ofrecen una amplia variedad de arroces (del señoret, de cigalas, meloso de bogavante, de montaña, con rape…).
Los Frutales (Las Dehesas). Encanto e historia se aúnan en este establecimiento, muy recomendable para visitar en familia. Su origen se remonta a la primera década del siglo pasado y está situado en la Cañada Real. Era una antigua posada que hospedaba y daba de comer a pastores y montañeros. Sus árboles centenarios -manzanos, perales, guindos, membrillos, avellanos, nogales y ciruelos- todavía permanecen en pie y dan sombra en el exterior. Su jardín formado por seis terrazas es ideal para comer al aire libre durante el buen tiempo mientras los niños disfrutan con el vivero de truchas. El chorizo de olla, las croquetas, los huevos de corral estrellados, la sopa castellana, la paletilla, las chuletillas de cordero lechal o el flan casero son algunos de sus bocados imprescindibles.
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