Se observa un sustancial impulso de compra de oro, cuyo precio ha vuelto a estar cerca de máximos de mediados del pasado abril, en plena crisis del coronavirus. De hecho ya se había visto un implacable crecimiento de inversiones de oro mediante fondos cotizados, ETF, instrumentos que sumaron el primer trimestre 50% de la demanda de la inversión mundial en oro.
Ahora bien hay dos factores clave para la demanda de oro como inversión: la rentabilidad real a vencimiento de la deuda a diez años de EEUU y el dólar. De hecho la perspectiva de tipos de interés globales muy bajos durante un período prolongado y de depreciación del dólar, junto con los grandes déficits públicos, apuntaban a precios del oro por encima de 1.920 dólares/onza los próximos tres años.
Pero la rentabilidad de la deuda de EEUU se ha estabilizado y su potencial de revalorización es limitado, mientras que el dólar no se ha depreciado. Así que estos factores no son particularmente favorables para el oro los próximos meses.
Además se espera que la demanda de joyería y la oficial sean débiles este año. De momento su comportamiento reciente ha sido inferior al de la plata. Es posible razonar que la plata se está beneficiando del ritmo acelerado de reapertura económica en la pandemia. Una explicación alternativa es que el sentimiento inversor es tan positivo respecto al oro que provoca compra a corto plazo de sus parientes próximos como la plata, que son menos costosos. Por su parte los bancos centrales aumentaron sus compras de oro en 2018 -especialmente los de Rusia, Turquía y Kazajstán-, al mayor nivel desde 1971, año del fin de la convertibilidad del dólar en oro. Pero los bancos centrales suponen solo 10% de la demanda total. De hecho fueron vendedores de 2000 a 2008, cuando los precios de oro fueron altos.
El caso es que la relación riesgo-rentabilidad actual del oro no parece especialmente atractiva a corto plazo.
Ahora bien, su demanda como seguro contra mayores incertidumbres puede favorecer su tendencia alcista un tiempo.
De hecho hay que tener en cuenta las incertidumbres relacionadas con un impacto estructural en el sistema financiero de las masivas inyecciones de liquidez de los bancos centrales, así como el aumento de la deuda mundial. A ello se añaden las incertidumbres geopolíticas, con renovadas tensiones entre EEUU y China desde comienzos de mayo. Estos factores son suficientes para aumentar la demanda de oro como inversión.
Con todo esto esperamos que el oro pase por períodos de debilidad, durante los que puede mejorar su atractivo y superar a otros metales preciosos. Puede encontrar apoyo en la demanda de inversión en alrededor y situarse en tres meses en 1.630 dólares la onza. En seis meses puede llegar a los 1.730 y en doce a los 1.800 dólares la onza.
En este sentido el oro, dado el desplome de las rentabilidades de la deuda, puede ser un buen reemplazo de los bonos. De hecho, desde marzo de 2009 la cartera equilibrada acciones/oro, a pesar de mostrar mayor volatilidad, se ha comportado de manera similar a la cartera de acciones/bonos.
Luc Luyet, economista de Pictet WM
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