Sánchez ante los caceroleros

20/05/2020

Luis Díez.

Con el apoyo del PNV, Ciudadanos y los seis votos de Iñigo Errejón, el Gobierno ha sacado adelante la prórroga del “estado de alarma” hasta el 8 de junio. Cabe esperar que para entonces la pandemia del coronavirus sea tan residual que nos permita entrar en la tercera fase, a partir de la cual ya no serán necesarias las restricciones de movimientos para evitar los contagios, siempre y cuando adoptemos las debidas precauciones.

El pleno del Congreso del miércoles, 20 de mayo, se saldó con la habitual carga de epítetos e imprecaciones de la derecha contra el maldito gobierno social-comunista que, al decir de ese Demóstenes de la lectura que es Casado, actúa con despotismo, está acercando a los presos de ETA (tres reclusos han sido trasladados al País Vasco) y permite “el entierro multitudinario del líder de IU”, en referencia a Julio Anguita.

En el mismo argumento –la despedida en la calle con aplausos del que fuera alcalde de Córdoba por parte de muchos vecinos– abundó su colega Abascal, quien, sin necesidad de leer preguntó a Pedro Sánchez si se necesita carné de comunista para ir a los entierros.

Lo que se necesita es un poco de vergüenza, ya que la honradez intelectual quedó sobradamente demostrada en el caso omiso del lector Casado a los cuatro avisos de la presidenta de la Cámara sobre el abuso del tiempo asignado, y en el abusó de la tribuna por parte de Abascal para convocar manifestaciones en automóviles contra “el gobierno liberticida que ha provocado miles de muertos” (“Más de 50.000 en estos momentos”, afirmó).

Aunque lo de Abascal y sus voxidos era el caballo, han descubierto que el cuadrúpedo no lleva claxon y que además puede ser peligroso para el jinete lo de golpear la cacerola, sujetar la bandera y manejar las riendas. No, quita, quita, vaya a ser que el animal de abajo se espante y nos peguemos una costalada… Mejor en coche (de alta cilindrada a poder ser).

Más allá de la España de los balcones, las perolas y las banderas, a las que apelaron los líderes de las derechas para manifestar su rechazo a la desescalada del confinamiento conforme a unas pautas de seguridad para evitar el rebrote de los contagios, el presidente Sánchez manifestó su preocupación por el impacto social y económico de la pandemia y garantizó que “la España desprotegida, la más expuesta a la pobreza, no va a quedar sin cobertura ni ayuda”. En tal sentido reiteró la previsión del Gobierno de aprobar el salario básico de supervivencia antes de finales de mayo, algo que Casado consideró “pan para hoy y hambre para mañana”.

Sánchez cifró en 138.900 millones de euros el desembolso del Estado hasta el momento para hacer frente a los costes sanitarios, sociales y empresariales del coronavirus. A continuación estimó la caída del PIB en 9,2 puntos en 2020, con una reducción del empleo del 9,7%. Pero subrayó que la economía volverá a crecer un 6,3% el próximo año. En todo caso, “lo que España no puede permitir son las colas de pobres ante los comedores sociales”, afirmó con contundencia. Al referirse a los mecanismos de solidaridad de los países europeos para relanzar la actividad consideró “aceptable” la propuesta franco-alemana del fondo de recuperación porque recoge planteamientos realizados por el Gobierno español y confió en que la Comisión Europea actúe con rapidez.

ERC y el resto de los nacionalistas catalanes votaron “no” a la prórroga, escudándose en que el Gobierno no acepta que la Generalitat tome sus propias decisiones en Cataluña, todo lo contrario de lo que dijo el portavoz del PNV, Aitor Esteban, quien agradeció algunas correcciones del estado de alarma en la línea sugerida por él mismo y el Gobierno Vasco de favorecer la “cogobernanza” con las comunidades autónomas.

Por su parte, Edmundo Val, de C’s, justificó el voto favorable a la prórroga (es la segunda vez que votan a favor) “por responsabilidad” con los ciudadanos, e instó a los del PP y Vox: “Vayan a los hospitales y expliquen por qué votan no”. Aunque el grupo de Iñigo Errejón (Más País) mantuvo su apoyo al Gobierno, Joan Baldoví se desgajó, invocando los 881 millones anuales de infrafinanciación de la sanidad valenciana.

Aunque Sánchez no se cansó de reclamar unidad y de repetir que “nadie tiene derecho a derrochar lo logrado juntos”, lo cierto es que los apoyos a la quinta prórroga del estado de alarma han sido muy ajustados y que ni a las derechas ni a los nacionalistas catalanes les ha impresionado el mensaje del presidente: “La unidad es la fuerza más poderosa, ha salvado miles de vidas y ahora es necesaria para combatir la crisis económica y social y para salvar muchas empresas y empleos”.

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