Retrato político

23/05/2020

Josep M. Orta.

Decía el carismático Julio Anguita (con todos sus claroscuros) que si en España se dimitiera por mentir no habría político desde la época de los reyes Godos. Sirva esta cita como homenaje al entrañable político desaparecido.

Viene a cuente esta introducción para resaltar el fiasco socialista con su pacto con Bildu para renovar el estado de alarma. Debió ser una negociación a la desesperada para sacar adelante la propuesta pero quizás si victoria le pase más factura de la prevista.

En política la credibilidad tendría que ser importante y no lo que se firma, tendría que ser sagrado. La derogación de la ley de la reforma laboral lo firmaron socialistas, Podemos y Bildu y lo ratificó antes de tiempo en la tribuna del Congreso el propio Pedro Sánchez. Tras la votación el PSOE se volvió atrás con su compromiso y empezó a recortar su promesa hasta dejarla en un brindis al sol, aderezada por las contradicciones de sus ministros.

Esta reforma figura en el programa socialista, así como la derogación de la ley mordaza. Que estas promesas no las piensan cumplir de la manera que lo entendemos todos es un hecho, pero que una vez firmado un pacto se echen atrás crea un peligroso precedente de cara al futuro. Esto lo hace la derecha sin el más mínimo rubor (ya se sabe, para ellos cualquier medio es válido con tal de conseguir el objetivo), pero que lo haga de una forma tan descarada un partido que se llama progresista, por mucho que todos apelen a la desmemoria, puede dejar señales de cara al futuro.

Los socialistas no son de fiar y las promesas que hacen son de dudoso cumplimiento. No es nada nuevo pero es de esperar que sus interlocutores lo tengan en cuenta de cara el futuro.

En cambio hay quien se escandaliza por el apoyo de Ciudadanos a la renovación del estado de alarma mientras otros lo hacen por el respaldo de Bildu. Unos aún consideran que determinados partidos han de ser unos apestados con los que no se puede tener tratos y otros casi piden perdón por reconocerles el papel que les han otorgado las urnas. Ni ETA existe ni los comunistas son el terror rojo con que alguno los desprecia. Además todos tienen un pasado no precisamente inmaculado que, si es necesario, se atreven a hablar en catalán en la intimidad…

Mientras los que se quejan de que hoy les hagan escraches eran los mismo que veían con simpatía cuando la afectada era Soraya Sáenz de Santamaría (y que conste que si aceptan aplausos también han de encajar las críticas, siempre y cuando sean pacíficas y, !ay¡, civilizadas). Los políticos, con frecuencia, son maestros en el arte de tener varias varas de medir y en rasgarse escandalosamente las vestiduras

Por otra parte empiezan a correr rumores que hay que acabar con el actual gobierno de la forma que sean. Como en vísperas del 23-F hay signos, que espero que no sean alarmantes, de salvadores de la patria. Es de esperar que no vayan a más, pero cabe recordar el precedente que la jefa de filas de un partido que pretende ser demócrata (Ciudadanos) apelaba a los diputados socialistas que fueran valientes y no votaran la investidura de Pedro Sánchez

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