Aerobic para el elefante

27/05/2020

José María Triper.

A la espera de recibir los dineros del fondo comunitario para la reconstrucción, que si llega ya no será gratis total, lo que si han dejado muy claro quienes mandan en Bruselas es que la condición inexcusable para beneficiarse del socorro europeo será el sometimiento a la más estricta ortodoxia presupuestaria de la Unión, lo que en román paladino significa un recorte sustancial del gasto público acompañada de un aumento y mayor eficacia en los ingresos, para volver a la senda de la consolidación fiscal.

Desde la Comisión Europea, antes aún de presentar oficialmente el fondo, ya se ha hecho llegar a los distintos gobiernos que “los estados miembros receptores deberán emplear el dinero para modernizar sus economías”, incidiendo especialmente en los sectores digital y medioambiental. Y, por otro lado, y en el marco del semestre comunitario, los estados miembros deberán proceder a las reformas económicas y consolidación fiscal recomendadas por la Comisión”.

Es decir, una condicionalidad que implica que los estados receptores del fondo, especialmente España e Italia, deberán presentar un programa de recuperación que incluya las reformas prescritas por Bruselas que deberán ser duras, dolorosas y prolongadas en el tiempo, tanto como lo exige la gravedad del problema a resolver.

Porque los números son aterradores. Con caída del PIB del 5 por ciento en el primer trimestre, que apunta a que la caída anual no será inferior al 15 por ciento porque afecta a sectores básicos de nuestra economía como el turismo, la hostelería y el automóvil. Una caída de ingresos públicos (incluida la Seguridad Social) que el Gobierno estima en 25.700 millones de euros, un 5,4 por ciento y un gasto público que se puede disparar un 35 por ciento, hasta 627.300 millones de euros, no es descartable que el déficit supere los dos dígitos, mientras que la deuda pública se eleve hasta el 120 por ciento del PIB.

Reformas y ajustes que implicarán recortes en el Estado de Bienestar porque las subidas fiscales planteadas por el Gobierno -medioambientales, a las tecnológicas o a las transacciones financieras, apenas pueden incrementar la recaudación en poco más de 3.000 millones de euros, cuando se necesitarían al menos 35.000 y, gravar más la fiscalidad del Patrimonio o a las empresas, provocaría no sólo una fuga de inversiones extranjeras sino un masiva destrucción de empleo.

La alternativa es, pues, un recorte sustancial de gasto que para dañar lo menos posible a los servicios sociales y las inversiones necesarias para la reconstrucción deberían centrarse en adelgazar una administración elefantiásica. Un Gobierno con 23 ministerios, el mayor de Europa y el doble de los que tenía el Ejecutivo de Rajoy. Un gobierno que aprovecha el Estado de Alarma para nombrar a dedo otros 23 cargos públicos y 26 directores generales eximidos de ser funcionarios, frente a los 12 de Rajoy y los 14 de Rodríguez Zapatero, y que ha multiplicado el gasto en asesores, un 46 por ciento más que su antecesor, todos ellos amigos y enchufados a la teta del Estado. Y un gobierno que a diferencia de lo que han hecho otros en Europa y en el mundo, se niega a rebajar o donar parte de su suelo para ayudar a incrementar los recursos contra la pandemia, por no citar el derroche de millones tirados durante su gestión de la pandemia.

En esta situación de urgencia sanitaria, de más de seis millones de parados, incluyendo los afectados por los ERTE de los que entre un 30 y un 40 por ciento se estima que no volverá a recuperar su empleo, y de las colas del hambre, lo lógico lo racional, lo social y lo sensato sería someter a un severo régimen de adelgazamiento al elefante de la Administración, empezando por los cargos políticos.

Y un aviso a navegantes, que no es mío sino del prestigioso y nada sospechoso economista y catedrático Ramón Tamames: “cualquier idea de nacionalizar empresas, o remunicipalizar, o convertir la Seguridad Social en una especie de asilo general para comprar votos, debería ser descartada. El Gobierno debe dejarlo claro, y trasladárselo a la Comisión de Reconstrucción Nacional. De no ser así, la crisis se prolongará mucho más tiempo”. Amén.

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