Jugar con fuego tiene estas cosas

05/09/2011

Miguel Larrañaga. 05-09-2011

Son muchos meses jugando con fuego y, claro, al final nos hemos quemad0. Desde mayo del pasado año los políticos europeos no han sido capaces de dar una respuesta a la crisis de deuda. Primero jugaron a «regatear» el problema griego, después minimizaron el contagio a Irlanda y, por último, llegaron tarde al rescate portugués. Sólo cuando España e Italia estuvieron en serio riesgo de contagio se dignaron a actuar y no lo hicieron precisamente con unidad, presteza y convicción.

Las dudas de la señora Merkel, las exigencias de Finlandia, los resquemores de Austria, los miedos de Francia, la indiferencia italiana y la incapacidad española han dibujado un panorama que nos lleva inequívocamente a una crisis mucho más profunda de la que los ciudadanos europeos se merecen pero, seguramente, mucho menor de lo que merecen sus políticos.

Ahora tendrá la culpa el mercado, que es un ente muy a mano para cargar con las culpas de otros. Pues no. El mercado no es un ente que exija, es sólo un termómetro de lo que ocurre. Y lo que ocurre es que Europa está en un desgobierno absoluto, que Estados Unidos no va mucho mejor y que las cosas no parece que vayan a ir a mejor precisamente.

Pero por si no estaban suficientemente mal las cosas, a la señora Merkel se le pone cada vez más negro su propio panorama político, perdiendo elecciones allá donde se celebran, lo que hace suponer que radicalizará aún más su postura antieuropea. Y para colmo de males, el FMI insiste en anunciar a los cuatro vientos una recesión generalizada.

Sumemos que los bancos europeos aún no habían «descontado» el efecto de la demanda multimillonaria y a destiempo que se ha entablado en Estados Unidos por las hipotecas «subprime» y que ha atrapado a varias de las entidades más importantes del Viejo Continente (ninguna española, por cierto), y tendremos un cóctel explosivo que sólo podía saldarse con una debacle como la ocurrida hoy.

Los índices se ha convertido en el pim pam pum y ha vuelto a quedar claro que medidas como prohibir los cortos son tan irrisorias y tan absurdas que no merecen siquiera ser tenidas en cuenta como posible «muro de contención». Cuando la espiral bajista se convierte en tornado arrasa con todo y eso es lo que ha pasado hoy.

Y ahí tenemos al pobre Trichet pidiendo, suplicando, que se apliquen de inmediato las reformas pactadas en el pasado mes de julio. Tarde, señor Trichet. Debió usted dar un puñetazo encima de la mesa hace ya muchos meses pero no tuvo agallas. Ahora nadie le hace ni puñetero caso, ni los políticos ni el mercado. Todos saben que usted está ya amortizado.

En fin, que todo ha sido un desastre y hoy no había posibilidad de apelar a la posibilidad de una apertura en Wall Street que corrigiera el rumbo porque hoy se celebra en Estados Unidos el Día del Trabajo y no hay sesión bursátil.

Ya sólo cabe esperar que el discurso de Obama el próximo jueves calme los ánimos. Si no lo consigue, lo de hoy se puede quedar en anécdota y eso que ha sido un varapalo de consideración. El Dax perdió un 5,28%, el CAC un 4,73%, el FTSE un 3,58% y el Ibex otro 4,69%. Uno nunca sabe si esto es una jornada para olvidar o para tener muy presente…

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