¿Dónde estamos ahora?
El COVID-19 se ha convertido claramente en el motor más importante de los mercados financieros en los últimos meses. Después de un fuerte repunte desde los mínimos de marzo, los mercados de renta variable se han movido de forma lateral dentro de un rango. Los inversores están sopesando las esperanzas que existen de que se produzca una recuperación frente a los temores de que aparezca una «segunda ola» del virus, las altas valoraciones y las tensiones comerciales entre EE.UU. y China.
Escenario central
La propagación del virus se aborda mediante una combinación de pruebas y seguimiento. Las medidas para mitigar los efectos de la pandemia se mantienen hasta el primer trimestre del 2021, lo que impide que la economía se normalice de manera sostenible antes de diciembre. Las segundas oleadas de infección con picos potencialmente más altos derivarían en restricciones intermitentes a la economía.
Escenario alcista
Los nuevos contagios se mantienen dentro de la capacidad de los sistemas de salud. Las medidas para mitigar el virus se levantan al final del tercer trimestre, permitiendo una normalización del funcionamiento de la economía. Esto podría lograrse gracias a los avances médicos y/o a un sofisticado modelo de diagnóstico y seguimiento.
Escenario bajista
Una segunda oleada importante del virus colapsa los sistemas de salud en la Unión Europea y Estados Unidos, lo que obliga a un nuevo confinamiento, lo que contribuye a un alto grado de cautela política sobre el levantamiento de las medidas de desescalada. La recuperación se retrasa hasta un año.
¿Cómo será el mundo después de COVID-19?
Tendencia clave 1: Mayor endeudamiento
Al final de la crisis, los niveles de deuda serán mucho más altos. Sigue sin estar claro el cuáles serán las necesidades exactas de gasto fiscal, pero, dadas nuestras estimaciones actuales, el porcentaje de deuda pública sobre el PIB se elevará de 15 a 25 puntos porcentuales a finales de 2021 frente a finales de 2019 en gran parte de Europa y en Estados Unidos. Se trata de una subida parecida a la que se produjo, en términos generales entre 2007 y 2010 como resultado de la crisis financiera mundial.
Consecuencias:
Aunque, en general, esperamos que los Gobiernos utilicen tres instrumentos para financiar la deuda, creemos que habrá diferencias regionales en este sentido:
- – Represión financiera
- – Impuestos más altos
- – Una inflación moderadamente más alta
Acción de inversión:
- – Planificación financiera
- – Reevaluar la exposición de efectivo y bonos
- – Buscar Activos alternativos diversificadores
Tendencia clave 2: El mundo será menos global
El confinamiento provocado por el COVID-19 ha sido un experimento sin precedentes, que ha llegado a prohibir salir de sus casas a muchas personas. Estas medidas claramente no se mantendrán a largo plazo. Sin embargo, creemos que el mundo será estructuralmente menos global por la crisis, estimulando la tendencia hacia una mayor desglobalización.
Consecuencias:
En un mundo menos global, esperaríamos ver más:
- – Populismo
- – Proteccionismo
- – Localización
Acción de inversión:
- – Diversificación global
- – Automatización y Robótica
- Tendencia clave 3: Más digitalización
El confinamiento ha obligado a muchos consumidores y empresas a cambiar la forma en que compran y venden bienes y servicios, y a volverse más digitales. Aunque pensamos que la mayoría de los individuos y empresas volverán a sus formas de trabajo anteriores a medida que se levanten las medidas de confinamiento, algunos de estos cambios serán permanentes.
Consecuencias:
Sigue sin estar claro con qué rapidez los consumidores y los reguladores recuperarán la confianza en la seguridad de la economía colaborativa, pero algunas consecuencias del bloqueo incluyen:
- – Mayor adopción digital
- – Compartir menos
- – Impulso de la tecnología de la salud
Acción de inversión
- – Transformación digital
- – Diversificación de sectores y compañías
- – Tecnología sanitaria, terapias genéticas, revolución alimentaria
Álvaro Cabeza, Country Manager UBS AM Iberia
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