“Si un día, a la hora de salida del colegio, te atropellan a un niño y el día siguiente otro, cualquier responsable sea de un partido de derechas o de izquierdas, pone un urbano para que no se repita la situación”. Esto me lo decía un alcalde de un pueblo mediano durante una campaña electoral donde volaban los cuchillos dialécticos.
No sé si los ciudadanos españoles se sienten complacidos por el uso que hacen los partidos de la confianza que en su día les dieron en las urnas o por la actuación de su partido. Es verdad que tanto en el Congreso como en el Senado, amen de las declaraciones y comunicados de los responsables políticos son todo un espectáculo. Parece que en ambas cámaras la oposición no tiene otro papel que insultar y hay una carrera para ver quien la dice más gorda, entre aplausos y abucheos de los asistentes. Todo ello está aderezado por escandalosas portadas de los medios o el incendiario azote de paganos de los tertulianos de rigor.
El país tiene numerosos problemas y posiblemente cada maestrillo tiene su librillo, pero para estos unos ganaron las elecciones y otros suena a golpista- les discuten no sólo el derecho a aplicar sus medicinas e incluso la legitimidad para ocupar los puestos que ocupan. Los asesores de imagen tienen trabajo ante tanta bronca de lograr dar una frase a su señorito para lograr acaparar la atención de los medios.
Es verdad que unos hacen su política sin escuchar a casi nadie, pero otros su objetivo no parece que sea que el país funcione y hacer propuestas mínimamente constructivas. Es más, ante determinadas propuestas se mira más quien la vota que no lo que se vota. Una propuesta razonable, en un país civilizado, sería normal que emitieran el mismo voto desde Vox a Bildu, pero aquí es motivo de escarnio, despreciando los miles de votos que unos y otros tienen. Como es despreciable que con harta frecuencia las discrepancias políticas acaben en los tribunales y los jueces acepten jugar un papel para el que no están llamados.
Como decía el alcalde del principio de la crónica la actividad política se puede complicar todo lo que se quiera pero en el fondo basta actual con sentido común, aunque en este país parece que es el menos común de los sentidos.
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