Uno tiene una sensación parecida a la que tuvieron los españoles en la gran crisis del 98, cuando los españoles tomaron conciencia que los delirios de grandeza de un imperio se desvanecían y sólo quedaba un país cuyo único consuelo era rememorar grandezas pasadas.
Para empezar. sólo un apunte a la Corona. No vale la pena entrar en unos detalles de sobras conocidos, pero sí que nadie se atreve a poner remedio a una familia poco ejemplar (a ver si Undangarin no es más que una cabeza de turco). Extrañamente los principales partidos no quieren ni oír hablar del tema.
La cúpula del poder judicial no solo ha perdido la confianza de los ciudadanos si no también su credibilidad. En aras a la unidad de la patria han retorcido leyes con unas interpretaciones como mínimo curiosas y el caso que hacen de los los acuerdos que han firmado España con organismos internacionales es, como mínimo, relativo. Dilatan o aceleran procesos según su conveniencia y con sus actuaciones han entrado de lleno, como protagonistas, en la vida política, hasta el punto que en varias ocasiones han alterado la voluntad popular con sus decisiones. Por no hablar de filtraciones de sus actuaciones… Curiosamente sólo los jueces eméritos de atreven a denuncia una situación que ha escandalizado a no pocos eminentes juristas. Cuanta actualidad tiene la lejana afirmación de Pedro Pacheco, el ex alcalde de Jerez, cuando dijo que “la justicia es un cachondeo”. Además se han convertido en una fuerza que no está sometida a más control que el suyo.
Y vamos con las fuerzas policiales, cuyos informes, que tiene presunción de credibilidad son, como mínimo manifiestamente mejorables y en numerosas ocasiones de una gran parcialidad (a veces cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia) y con una aplicación más que celosa de la llamada ley mordaza (pendiente de sentencia del Constitucional desde el 2015, o la modificación de la ley del aborto desde el 2010). También es curiosa la actuación de los cuerpos policiales según el organizador de las protestas. Por otra parte a veces, con autorización judicial, parece que ante determinados organismos tiran la caña a ver si encuentran algo, con la que la confidencialidad empresarial o personal queda más que cuestionada.
Finalmente una determinada clase política que cada vez parece más golpista y que se están cargando una Constitución que se llenan la boca defendiéndola (no parece que se la hayan leído) y otra clase política que son incapaces de pararles los pies aún teniendo la fuerza parlamentaria para hacerlo. Habría que preguntarse por que no se atreven.
No quiero ser agorero pero a la chita callando, la frase “más se perdió en Cuba” quizás deje de tener sentido.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.