El rescate de Sánchez y el espejo griego

17/06/2020

José María Triper.

“Capacidad de adaptación” y “repriorizar lo prioritario”. Con estos términos intentaba explicar la ministra portavoz, María Jesús Montero, el aparcamiento de los acuerdos de coalición con Unidas Podemos que, unido al acercamiento a Ciudadanos y la aparente apertura de Sánchez a pactos con Partido Popular, apuntan la posibilidad de un giro copernicano en la estrategia política y de alianzas del Presidente y su PSOE.

De momento son sólo indicios, pero es significativo que Sánchez dijera “sí” a la oferta del portavoz popular en el Senado, Javier Maroto, de acuerdos en economía, sanidad y en política social, además de ese idilio político del jefe del Ejecutivo con Inés Arrimadas, con escena del sofá incluida en la Moncloa entre los parientes más cercanos de ambos pretendientes. Como también lo es que el Presidente se haya apresurado a anunciar que las medidas de recuperación económica que prepara el Ejecutivo español estarán “alineadas con las que diseña Europa”.

Una Unión Europa cuya interlocución unos y otros consideran “clave” para el desarrollo futuro y la duración de la Legislatura y donde no se entiende lo que está haciendo España, y donde los gobiernos comunitarios han mostrado su adhesión a la carta del director general adjunto de Competencia de la Comisión Europea, Cecilio Medero Villarejo, en la que pidió públicamente la dimisión de Sánchez quien, por su parte, es consciente de que esos 144.000 millones prometidos desde Bruselas no sólo son esenciales para rescatar a España sino también, y sobre todo para rescatarle a él y a su Gobierno, al menos a la parte socialista.

Es público y notorio, y así se lo han hecho llegar desde Alemania, Holanda y Austria, que el dinero si viene, vendrá con condiciones, y que en estos países como en el conjunto de la Unión ni entienden ni les gustan los populismos, los comunismos y los independentismos en los que se apoya Sánchez por lo que le han exigido expresamente alianzas más mesuradas, liberales y centradas, además de respetuosas con los principios y con los compromisos de la Unión.

Compromisos y condiciones que serán sometidos a estricta vigilancia, si no con hombres de negro como en 2010, si con un “gran hermano” que observará todo desde fuera y expulsará de la casa común a quienes no respeten las normas acordadas que deberán reflejarse en unos Presupuestos rigurosos, con estricto control del gasto, con recortes y sin veleidades intervencionistas.

Presupuestos que Sánchez sabe también que o se los hace Europa o no hay presupuestos. Y sin presupuestos no hay legislatura. Es el precio de su rescate y como aseguran responsables socialistas próximos a la Moncloa, “está dispuesto a pagar para garantizar su supervivencia”. Retrasar la edad de jubilación, ampliar los periodos de cotización, mantener los puntos esenciales de la reforma laboral y adelgazar la Administración, son algunas de las medidas que deberá cumplir pero que, piensan, sin excesivo coste electoral.

Y aquí entre en juego también la candidatura de Nadia Calviño para presidir el Eurogrupo cuya consolidación sería el aval de Europa al dinero, a las cuentas, a los ajustes y a un Presidente que ya se mira en el espejo del griego Alexis Tsipras y que no dudaría en sacrificar a su Varufakis de Podemos. Algo para lo que ya están trabajando desde fuera y desde dentro. Desde fuera los socios comunitarios y las autoridades de Bruselas, y desde dentro destacados exdirigentes y barones socialistas con Felipe González a la cabeza quienes están hablando ya entre ellos y con miembros relevantes del partido próximo a la Moncloa con el objetivo prioritario de echar a Iglesias y a Podemos de ese gobierno que el propio González califica como “el camarote de los hermanos Marx”.

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