El coronavirus ha acabado de golpe con la expansión de la economía mundial, que se prolongaba ya diez años. El PIB estadounidense cayó un 5% durante el primer trimestre, y se prevé una caída aún más pronunciada en el segundo trimestre.
Se avecinan malas noticias a corto plazo, empezando con el trágico coste en vidas humanas. Los históricos datos de desempleo pueden tener un efecto duradero en la economía, y son muchas las empresas que están quebrando. El camino hacia la recuperación dependerá de la evolución del virus y de la respuesta del sistema sanitario.
Según el economista estadounidense de Capital Group, Jared Franz, «la recuperación podría ser más gradual, en forma de U, con algunos altibajos. No obstante, conforme la economía se vaya abriendo de forma más generalizada, algunos sectores, como el de los viajes o la restauración, podrían registrar una recuperación en forma de V».
A largo plazo, encontramos un aspecto positivo. Según Rob Lovelace, vicepresidente de Capital Group y gestor de renta variable, la ralentización de la economía ha sido resultado de la política gubernamental, pero los fundamentales económicos subyacentes eran razonablemente favorables, por lo que es posible que la recuperación sea sólida. «Ya podemos ver más allá, vemos cómo puede ser la recuperación una vez que se relajen las medidas políticas, y eso es algo que me tranquiliza», afirma Lovelace.
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