Vuelta a empezar

10/09/2011

M. L.. 09-09-2011

Con lo que cuesta que los índices recuperen mínimamente la confianza y lo fácil que es que se despeñen… No hay forma de que nos den una alegría. Al final de la semana volvemos a estar más o menos dónde estábamos pero con dos cartuchos menos, los ya gastados por Bernanke y Obama, y uno que ha explotado por sorpresa, el de la dimisión en el BCE.

Si Bernanke decepciona y Obama tampoco dice nada del otro mundo, mal van las cosas. Y si encima de lo que dice Obama a lo que se puede hacer hay que pasar por el aro de lo que diga un Congreso dominado por los republicanos, pues tampoco es para ponerse a tirar cohetes. Estaba claro que las cosas no iban a recueprar fácilmente el pulso porque había decpción tras las esperanzas de ayer, pero lo del BCE ha sido un mazazo.

¿No habíamos quedado en que Europa no influye en Estados Unidos? No. Habíamos acordado que las buenas noticias europeas no son tenidas en cuetna al otro lado del Atlántico, pero las malas no pasan precisamente desapercibidas.

Los yankees flipan con nosotros. En la Fed hay desacuerdos conocidos y notorios sobre lo que debe hacerse y a nadie se le ocurre dimitir. Cada cual expone, incluso con vehemencia, sus ideas dentro y fuera de la Fed y no pasa absolutamente nada. ¿Por qué ese ansia de unanimidad en el BCE? A mí las uniformidades absolutas me asustan mucho, no sé a ustedes.

Para colmno, todos hemos quedado con la mosca detrás de la oreja. TYrichet dice que Stark dimite por razones personales y medio mundo dice que dimite porque está hasta el gorro de ser el economista jefe del BCE y se haga lo contrario de lo que él sostiene.

Con estos ingredientes, la receta a cocinar hoy se llamaba pastelón de aquí te espero y se cocinó a fuego lento, con una tendencia a la baja constante y que llegó hasta bien entrada la tarde en lugar de corregir pronto como suele ser habitual. Una sesión para peder todo lo ganado en los días de subidas y un poco más, así que los ídncies quedan en negativo en términos semanales.

De nada sirvió que el G-7 (tiene narices que ahora venga con monsergas este selecto club) subrayara a última hora su apoyo a los procesos de ajuste emprendidos en Europa y asegurara que los bancos centrales están perfectamente preparados para proveer liquidez al sistema (bancario, supongo) si hay necesidad de ello. Lo mejor que se puede decir del G-7 es que, al menos, no provocó un hudimiento.

Al cierre las cosas estaban ya suficientemente hundidas como para perjudicarlas mucho más. El Dow Jones perdió un 2,69%, el S&P 500 un 2,67% y el Nasdaq Composite un 2,42%. Volvemos a empezar de cero.

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