Un acuerdo con el que ganar credibilidad

21/07/2020

Maite Vázquez del Río.

No sin esfuerzo, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han llegado a un acuerdo sobre el Fondo de Recuperación y los Presupuestos comunitarios 2021/2027. Han hecho falta cuatro días y cinco noches de negociación. Incluso unas pocas horas antes muchos daban por seguro el bloqueo y miraban su agenda para poner una nueva cita. Pero a las 5,30 de la madrugada un escueto «deal» en el twitter del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, acababa con el pesimismo urdido hora a hora. Era casi el «habemus papam» que propaga el humo blanco del Vaticano cuando elige un nuevo pontífice.

Sin duda, a partir de ahora este 21 de julio de 2020 se podrá decir que la Unión Europea ha dado un paso de gigante para hacer su nueva historia. La puerta queda abierta para futuros acuerdos de más enjundia, aunque no creo de mayor cuantía. Es un nuevo paso para la construcción de la Europa de los ciudadanos, aquella que soñaron sus fundadores en 1951 y que, posteriormente, se fortalecería con acuerdos como el de Roma (1957) con el que nació la Comunidad Económica Europea; como la creación de la PAC (1962) con el que nacía el mercado único para los productos agrícolas; la supresión de aranceles en 1968, adoptándose un Arancel Común para los productos procedentes de terceros países que dio origen a la Unión Aduanera. En 1979 se celebraron las primeras elecciones al Parlamento Europeo y comenzó a funcionar el primer Sistema Monetario Europeo… y así fueron continuando los avances hasta ya los más recientes acuerdos como el Tratado de Maastricht (1993), el conocido como Tratado de la Unión Europea hasta llegar al 1 de enero de 2002 con la puesta en circulación de los billetes y monedas del euro haciendo desaparecer las monedas nacionales por completo. Sin olvidar tampoco el Tratado de Shengen, con la desaparición física de las fronteras entre los países socios.

Estos son algunos de los hitos de la UE, pero entre los ciudadanos europeos iba creciendo la sensación de que en este nuevo Estado llamado Unión Europea (con cerca de 450 millones de habitantes, con debates sin llegar a nada en cuestiones vitales en el orden internacional y comunitario), éramos los propios ciudadanos los grandes olvidados. La crisis de 2008 lo puso en evidencia. Se salvaron los bancos, pero más allá de crear un fondo para los jóvenes en paro poco se hizo para rescatar a los trabajadores europeos que habían perdido su empleo.

La covid-19 ha llevado a todos los países a una nueva crisis, con caídas del PIB sin precedentes y un futuro incierto hasta que no se apruebe la vacuna que lo combata. Los ciudadanos han sido los primeros afectados. No en vano, lo que está en juego es la propia vida. La mayoría de las empresas han tenido que cerrar y todos han sido enviados a sus casas en un confinamiento decretado para evitar más muertes. Se ha hecho más que necesaria y urgente la intervención de la Unión Europea. ¿Qué importa si se tiene que echar mano de la máquina de hacer dinero a fondo perdido? Junto a los muertos hay que sumar las empresas al borde de la desaparición, las pérdidas de algunos sectores de cifras multimillonarias… y el miedo a lo que está por llegar porque el virus sigue campando a sus anchas sin que hasta ahora se le pueda combatir con efectividad.

Lo importante es el ahora. Este presente está lleno de mucha incertidumbre, con los rebrotes surgiendo por todas las esquinas de cualquier país. Los expertos ni se ponen de acuerdo en cómo será la recuperación, mientras echan mano de algunas letras del alfabeto. ¿Habrá una recuperación en V? ¿En L? ?En W?… Los millones de personas declarados en pobreza absoluta quedan muy lejos de ese alfabeto mientras pasan las horas en las colas para poder acceder a un poco de comida.

Ese es el ahora y los gobiernos de la UE sabían que tenían que dar una respuesta mientras los científicos trabajan a contrarreloj en busca de la maldita vacuna. La primera propuesta vino inesperadamente de la todopoderosa cancillera Angela Merkel y su socio más avanzado Emmanuel Macron. Fueron los primeros en hablar de un fondo de recuperación el 18 de mayo. Desde entonces, no se ha hecho otra cosa que negociar. La Comisión Europea se hizo con las riendas y Ursula von der Leyen, llegada a la presidencia de la Comisión Europea el 1 de diciembre de 2019, tres meses antes de declararse la pandemia mundial, elaboró la propuesta.

Han hecho falta muchas negociaciones; hemos visto cómo Países Bajos y sus socios más cercanos (Suecia, Austria y Dinamarca) cogían el relevo del desaparecido Reino Unido, poniendo todo tipo de pegas y exigiendo potestades que ellos mismos hubieran rechazado para sus propios países. Pero como los británicos a su «sí» al Plan de Recuperación (con condiciones, pero sin veto inicial) han logrado una reducción en sus aportaciones al presupuesto comunitario. Una vez más estos cuatro días se han puesto en evidencia las diferencias entre los países del norte y del sur de Europa.

Esta vez, Merkel y Macron se han visto apoyados por la mayoría -menos los cuatro socios, que han aceptado a regañadientes-, y han conseguido algo que ya se ha calificado de «histórico» e «hito»; una nueva fecha que recordar en la creación de la Unión Económica y Monetaria. Un avance en el que algunos ya ven los primeros pasos para la unión fiscal… pero sobre todo, por encima de cualquier cuestión, la Unión Europea ha ganado en credibilidad, en demostrar que es capaz de dar soluciones cuando más se les necesita. Una credibilidad que había perdido hacía muchísimos años.

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