La naturaleza del mercado del oro ha cambiado a lo largo de la pandemia del covid-19
conforme los consumidores comenzaron a gastar menos y los inversores recurrían cada vez más al metal precioso como forma de cobertura y diversificación para su cartera.
A medida que el temor por el covid-19 se agudizaba a mediados de marzo y los
inversores buscaban liquidez, los precios del oro se correlacionaron temporalmente con
otros activos y cayeron. Una vez que los inversores tuvieron claro que el mundo se
enfrentaba a una pandemia mundial, los precios subieron en consonancia con los
programas de compras masivas de activos financieros de los bancos centrales.
Históricamente, el precio del oro puede subir cuando el valor del dólar disminuye. Sin
embargo, en los últimos meses, el metal precioso ha aumentado en todas las monedas
principales, ya que la demanda mundial de inversiones ha crecido a lo largo de la
pandemia. El oro ha subido un 15% en lo que va de año y se cotizaba a 1.801 dólares
por onza el 17 de julio. Estas cifras están cerca de alcanzar el cierre histórico el 2 de
septiembre de 2011 de 1.875,25 dólares por onza.
Llegados a este punto, ¿por qué cubrir una cartera con oro? ¿por qué tener oro en una
cartera? La combinación del paso de bonos del Gobierno con rentabilidades bajas a
negativas, un debilitamiento del dólar americano y, lo más importante, un
acomodamiento masivo del Banco Central apoya la demanda financiera. Esta relación
entre el oro y los rendimientos reales se ha mantenido durante la última década y las
recientes intervenciones del banco central han reforzado los argumentos a favor de
mantener el oro como herramienta de diversificación en las carteras. Además, según los inversores vayan considerando las consecuencias a largo plazo de la pandemia, es
probable que se fijen más en su exposición a la deuda soberana y en la solvencia de los Gobiernos endeudados. Esto aumenta aún más el atractivo del oro, que aunque no
produce ingresos y es costoso de almacenar, no conlleva ningún riesgo de crédito.
Disminución de la minería
Todos estos factores crean un escenario positivo para el precio del oro y se suman a los atractivos del metal precioso como cobertura de la cartera. De hecho, este entorno
acomodaticio y de baja rentabilidad puede resultar históricamente persistente a largo
plazo. El Banco de Inglaterra y el Fondo Monetario Internacional han escrito
recientemente sobre el impacto de las pandemias en las economías. Ambos estudios,
trabajando con pruebas a partir del siglo XIV, muestran que estos acontecimientos
tienden a rebajar los tipos de interés reales no durante años sino durante décadas.
La mayoría de los precios de los productos básicos son un equilibrio entre la oferta y la
demanda. Pero en el caso del oro, las amenazas a la oferta son a veces exageradas.
En 2019, la oferta de las minas de oro cayó un 1%, según datos del Consejo Mundial
del Oro. Este año, el suministro ha disminuido un 3% en el primer trimestre ya que
muchas minas han cerrado durante la crisis de Covid-19. Las interrupciones, que se
intensificaron en el segundo trimestre, han hecho que algunas minas profundas sean
poco rentables y el proyecto de nuevas minas no lo compensará. Las refinerías cerradas y las cadenas logísticas más complejas también complicaron el suministro de lingotes y monedas de oro.
Sin embargo, los inversores no deben prestar demasiada atención a las variaciones en
la producción y el suministro de oro. A diferencia del mercado del petróleo, el oro no es
escaso. El equivalente a unos 60 años de suministros ya está sobre la tierra, y hay un
gran mercado para el oro reciclado.
Joyería y bancos centrales
Una explicación más convincente para los recientes movimientos del oro viene de las
variaciones de las fuentes de la demanda. La demanda global es un equilibrio entre el
gasto del consumidor en oro físico y las inversiones financieras. En línea con la amplia
contracción económica, la demanda de joyas cayó significativamente en la pandemia.
La demanda de la Gran China, que representaba el 28% de las compras en 2019 como
el mercado más grande del mundo, se redujo en casi dos tercios en el primer trimestre.
La India, el segundo mercado más grande, sigue manejando la pandemia con
confinamientos públicos. Entre ellos, China y la India representan más de la mitad del
consumo mundial de oro físico.
En contraposición con esta caída de la demanda de los consumidores, los inversores
aumentaron las compras de oro durante la pandemia. En la primera mitad de 2020, los
ETF compraron una cantidad récord de 734 toneladas de oro, por valor de unos 39.500
millones de dólares, lo que supone un incremento del 600% con respecto al mismo
período de hace un año y más que cualquier otro año completo de la historia, según los
datos del Consejo Mundial del Oro.
Los bancos centrales modificaron su tendencia de 20 años de ventas netas de oro a raíz de la crisis financiera en 2010 y, desde entonces, han seguido siendo los principales compradores, representando alrededor del 45% de la oferta minera en los seis meses anteriores a junio. Aun así, los bancos centrales han reducido sus compras este año desde los niveles récord de 2018 y 2019, en parte porque Rusia detuvo las compras en abril.
Aumentando la resistencia
Hemos adaptado nuestro enfoque estratégico para crear una exposición dedicada al oro para los clientes. El oro continúa aumentando la capacidad de recuperación de las
carteras y fortaleciendo la diversificación de las asignaciones de activos. Las
perspectivas del oro dependen de este constante cambio de equilibrio entre el consumo físico y la demanda de servicios financieros de los inversores. Y, la demanda de estos depende en gran medida de la forma de la recuperación económica mundial y, en particular, de la evolución de las rentabilidades reales.
Si, tal y como esperamos, el contexto de rendimiento bajo a negativo persiste en línea
con el lento crecimiento mundial posterior a la pandemia, es probable que esta demanda financiera compense la débil demanda de oro por parte de los consumidores.
Prevemos que los precios del oro seguirán teniendo apoyo y que se negociarán
alrededor de 1.600 dólares/onza al año a partir de ahora, a medida que mejoren las
perspectivas de la economía mundial. El riesgo para ello sería una recuperación
económica más fuerte de lo previsto, convenciendo a los bancos centrales de todo el
mundo de que pueden reducir o suspender con seguridad sus extraordinarios gastos de estímulo en activos. Eso implica que la Reserva Federal estaría entonces dispuesta a aumentar los tipos de interés, aunque en un año electoral, y en las circunstancias
actuales, eso sigue siendo difícil de imaginar.
Stephane Monier, CIO de Lombard Odier
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