La banca cooperativa Cajamar presenta la publicación ‘Una hoja de ruta para la citricultura española’, que ha sido coordinada por José María García Álvarez-Coque, catedrático de Economía Aplicada y profesor de Economía y Política Agrarias en la Universitat Politècnica de València, y Enrique Moltó García, director del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, con las aportaciones de 41 expertos.
En 2019 se situó en 2.500 millones€ el valor de la producción de cítricos en origen, el 5% del total nacional. Y el de las exportaciones alcanzaron los 3.200 millones, lo que representa el 6% de las ventas al exterior del sector agroalimentario español.
Roberto García Torrente, director de Innovación Agroalimentaria de Cajamar, menciona “el papel fundamental” que en el último siglo ha desempeñado la citricultura “en la modernización de la agricultura española”, configurándose como “un referente a la hora de introducir innovaciones tecnológicas, organizativas y de mercado”.
Sin embargo, en los últimos años se ha llegado a un punto de inflexión, acentuado en la campaña de 2018, como consecuencia de un exceso de producción y la contención de la demanda, lo que ha dado lugar a que se produzcan una serie de cambios. Entre ellos, Roberto García Torrente menciona la creciente globalización de los mercados, que ha aumentado la competencia al principio y al final de cada campaña con los productos procedentes del hemisferio sur, y advierte sobre el desplazamiento de la producción desde la Comunitat Valenciana hacia otras zonas que gozan de buenas condiciones climatológicas y de agua, en las que, además, las fincas, de mayor extensión, permiten una explotación más racional y económica; así como del interés de los comercializadores tradicionales por controlar todo el proceso, desde el cultivo hasta el consumidor final, invirtiendo en fincas de distintas regiones. También refiere la continua apuesta por la innovación, visible en la mecanización de los trabajos; las nuevas técnicas de cultivo integrado y ecológico, y la introducción de nuevas tecnologías; la necesaria reinvención de las cooperativas citrícolas para rentabilizar su actividad, y la continua amenaza de las enfermedades que ponen en riesgo la viabilidad de las explotaciones.
Los coordinadores de la obra señalan cuatro ejes principales:
- una cadena de valor competitiva;
- las nuevas perspectivas para la sostenibilidad económica que abren las tecnologías;
- el reto de la sostenibilidad ambiental de la producción, especialmente, ante el cambio climático;
- y el impacto de la globalización y de las políticas europeas
José María García Álvarez-Coque y Enrique Moltó consideran que “la citricultura española debe aprovechar el potencial de regulación de la Unión Europea, no exclusivamente basado en la PAC, para fortalecer la posición de los citricultores dentro de un modelo europeo que defiende unos estándares ambientales y sociales más estrictos que en otros países”.
Francisco Borrás, consultor agroalimentario y asesor de Anecoop, destaca la importancia de casar el calendario de comercialización en fresco con el consumo doméstico, ya que representa el 22 % del total de la cosecha. También resalta el peso de la Unión Europea como destino de las ventas, con el 90 % del total, y expone una batería de “propuestas estratégicas” para aplicar en todos los ámbitos de la cadena:
- resolver el problema del minifundio;
- desarrollar una política pública y privada para la obtención de nuevas variedades y su posterior implantación con criterios comerciales
- aprovechar la búsqueda de diferenciación por parte de la distribución, que demanda cada vez más productos sin tratamiento después de la recolección, residuo cero y bio, a los que pronto se sumarán factores como el agua, el suelo, la sostenibilidad, parámetros específicos de calidad y criterios de recolección y manipulación
- mayor eficiencia de los almacenes de confección
- concentración de la oferta;
- aumentar el porcentaje de miembros integrados en organizaciones de productores;
- y apostar por una organización interprofesional “potente y operativa”, que ayude a abrir y consolidar mercados salvando obstáculos como los protocolos de exportación.
Rosa Gallardo, directora de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes de la Universidad de Córdoba, explica que las explotaciones superiores a cinco hectáreas son más representativas en Andalucía que en el resto de zonas productoras: “En la ComunidadValenciana y en la Región de Murcia destacan las explotaciones de menos de una hectárea, mientras que en Andalucía, las de este tamaño suponen menos de un 27%”.
Alberto Urbaneja, especialista en control biológico e integrado de plagas del Centro de Protección Vegetal y Biotecnología del IVIA, advierte que habrá que estar muy atentos a la evolución de la amenaza que supone la llegada de la plaga del cotonet, procedente de Sudáfrica, que está provocando ya serios daños en la Comunitat Valenciana.
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