La neutralidad

29/07/2020

Josep M. Orta.

Hay actividades y profesiones que su ejercicio requiere dejar la ideología en casa y actuar con una evidente neutralidad. Un médico ha de intentar curar al paciente independientemente de su ideología o un bombero apagará el incendio o rescatará a un accidentado sin preguntar. Otros cargos también tendrían que ser un servicio público al margen de la ideología de quien ocupa el puesto, pero esto si pasa lo disimulan muy bien.

Empecemos con la Corona, obviemos el camino por que el titular ocupa el trono sin que el pueblo español se haya podido pronunciar sobre su figura, no es difícil encuadrarlo en una ideología concreta y para ello basta ver quienes defienden con mayor fervor su figura: a extrema derecha y la derecha no tan extrema, y de vez en cuando Ciudadanos. Mientras el republicano PSOE hace equilibrios coyunturales para defender 70en lo que no cree.

La animadversión de muchos hacia su figura hace que el Rey no pueda visitar algunas comunidades y cuando lo hace los servicios de seguridad toman la ciudad e impiden cualquier contacto con la sociedad civil mientras se multiplican unas protestas que tienen escaso eco en los medios de comunicación. Además sus discursos, a parte de frases hechas, tienen un claro sesgo político y no sólo en lo que se refiere a Catalunya. Parece evidente que pretende representar sólo a una parte de los españoles y combatir al resto.

Vayamos a los tribunales de justicia, y concretamente a sus más altos niveles y vemos que con demasiada frecuencia practican la “justicia del enemigo”, reinterpretando las leyes y, últimamente, pretendiendo que sus condenados realicen cursillos para lavarles el cerebro para así poder acogerse a beneficios penitenciarios por unas penas que muchos consideran injustas. Justifican sus decisiones alegando corporativamente la independencia judicial y la división de poderes pero cada día es mas frecuente que los tribunales invadan competencias al resto de poderes (ejecutivo y legislativo). No hace falta hacer encuestas para encuadrar a los altos cargos judiciales en una ideología muy concreta. Es una evidencia la doble vara de medir que aplican a los justiciables. Si los encausados tienen una ideología ultra las penas son muy benignas, hecho que no ocurre si el justiciable pertenece al mundo sindical, de la izquierda o nacionalista. Y no digamos si los procesados pertenecen a las fuerzas y cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Tampoco es extraño que sólo algunos jueces eméritos se atrevan a soltarse de la lengua.

Las personas que están en activo en el Ejército acostumbra a guardar silencio pero una vez les llega la hora del retiro no son pocos los generales que expresan sus opiniones políticas y una vez más no acostumbran a alinearse precisamente con las fuerzas progresistas.

Algo parecido se puede decir de las fuerzas policiales. La ideología que aflora tanto en la policía como en la guardia civil, así como en los organismos de inteligencia no puede decirse que sea precisamente neutral. Su facilidad para construir “relatos” que con mucha frecuencia admiten muchos jueces sin cuestionar su verosimilitud, no transmiten la sensación que sean unos servicios técnicamente neutrales si no que actúan con una intencionalidad patriótica muy concreta. El ejemplo de los partes sobre incidentes en manifestaciones son una buena prueba de que no todos los españoles son iguales para estos cuerpos.

No es extraño que cada vez sean más los que no valoren la neutralidad de estos servicios (que no sólo no lo son si no ni siquiera se preocupan en aparentarlo), pero por lo que parece estas son las reglas del juego con la bendición de los poderes tácticos y el cómplice silencio de la mayoría de representantes del llamado cuarto poder.

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