Proyectos, proyectos, proyectos…

30/07/2020

Hernando F. Calleja.

Como era perfectamente previsible, la pomposa Comisión para la Reconstrucción ha sido un fiasco. No era ni la fórmula ni el lugar para intentar un pacto de la envergadura del que se requiere. Es poco periodística la autocita, pero en este caso me disculpo a mí mismo (¿Reconstrucción o futuro? diarioabierto.es, 15 de mayo de 2020) para reiterarme no sólo en la crítica de la fórmula adoptada, sino también en el penoso resultado obtenido. Si la Unión Europea ha puesto del revés algunos de sus principios de cuño más antiguo en una reunión de cinco días, no podemos admitir que los grupos parlamentarios españoles hayan perdido dos meses en discutir si son churras o merinas, galgos o podencos, mediotontos o mediobobos.

Lo malo de que la Unión Europea haya dado un gran paso al frente y nosotros ni siquiera hayamos dado un pasito hacia ninguna parte, es que, quienes están a la espera de acontecimientos, hayan comenzado a exigir repartos de fondos, al menudeo de las comunidades autónomas, como si cada una de ellas y todas en conjunto, no hubieran leído una palabra de lo que ha ocurrido en Bruselas y no hayan constatado que de quién se habló allí, referido a nosotros, es de España.

No acaban de enterarse nuestras cabecitas del orden autonómico de que lo medioambientalmente sostenible, de que lo tecnológicamente avanzado, desconocen los febles límites de nuestro mapa autonómico; de que la aportación de valor y la calidad de vida no responden a trazados territoriales, a políticas de campanario ni mucho menos a perfiles identitarios.

A Bruselas no debemos ir con un paquete de propuestas aldeanas de un país descosido, sino con proyectos, proyectos, proyectos. Serios, concisos, de interés general, de rentabilidad social asegurada, de permanencia en un espacio competitivo global. ¿Es tan difícil?

¿Es tan complicado presentar un proyecto reestructurado sobre el Corredor Mediterráneo, con una financiación realista y unos plazos cerrados? ¿Es un despropósito redimir el oeste peninsular con un sistema de conexiones cooperativas entre España y Portugal? ¿Es una locura plantear una Formación Profesional avanzada, que integre los recursos educativos y las políticas activas de empleo, tan caras y tan ineficientes? ¿Es tan imposible crear programas de dinamización de pequeñas capitales con actividades vinculadas con el teletrabajo y la investigación y, por lo tanto, dotarlas de infraestructuras digitales de la máxima capacidad y calidad? ¿No habrá proyectos solventes, rentables y sostenibles para que el agua fluya por igual en toda España, evitando la desertización?

Hace unos años (tal vez, todavía) se decía que cada español era un seleccionador de fútbol. ¿Se imaginan si en Europa se acabaran escandalizando porque cada español tiene un proyecto creíble y factible de futuro en su cabeza?

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