Hablaba hace justo una semana aquí (Proyectos, proyectos, proyectos) de la necesidad de presentar en Europa proyectos serios, cabales, bien fundamentados, que merezcan de verdad la categoría de objetivos nacionales y europeos que, no solo contribuyan a una mejora sustantiva de las condiciones de vida de los españoles, sino que nos acerquen de manera más homogénea a las rentas medias de los países más avanzados de la Unión Europea. Inútil propuesta, inútil razonamiento, presumible resultado frustrante.
Me encuentro en Andalucía y la simple lectura de los periódicos regionales me ha dejado fuera de combate. Me encuentro con un artículo editorial cuyo título azuzador de la polítiquilla de campanario no deja dudas: La reconstrucción se hace en los territorios. O sea, que nos den el dinero porque donde hay que gastárselo es aquí. En otra parte del mismo diario se hace la apuesta. Andalucía debe recibir el 32,1% de los 72.700 millones de euros en subvenciones. ¡Acabáramos! Exigen, hasta con decimales, el porcentaje de las subvenciones. Claro, de lo que no hay que devolver. De los créditos exigibles a su vencimiento, mejor no hablar. Esos que los pida el Estado, que los transforme también en subvenciones para la pedrea, pero que los devuelva el Estado.
He buceado en otros diarios del domingo, de distintas autonomías y me encuentro las mismas ínfulas de rapiña, en las gobernadas por el PSOE, por el PP y por toda suerte de combinaciones. Todos los consejeros de Economía o de Hacienda o de lo que sea en cada satrapía de las que hemos dejado crecer, salivan mientras hacen las cuentas nada menos que a Europa. Para ellos, el Gobierno de España no es más que un intermediario necesario, aunque indeseable. Buenos son ellos. ¡Si a mí me dejaran negociar directamente con Bruselas, se iban a enterar!
Los Gobiernos autonómicos han acabado por convertir la descentralización necesaria, operativa, funcional, práctica, en poderes alternativos al Estado, aunque ocasionalmente se envuelvan en la bandera nacional, siempre que no se note mucho. Luego, con decir que el País Vasco y Cataluña son peores, se quedan tan panchos. En los dos partidos mayoritarios va calando como lluvia fina la memez de Pablo Iglesias y su estado plurinacional, pero sólo en la parte que atañe a exigir dinero
Espero, por el bien de todos los españoles, que el Gobierno no se deje intimidar por estas aves de rapiña y actúe con competencia plena y poder pleno para presentar proyectos nacionales, afecten a los territorios que afecten. Nuestros problemas de enanismo regional no pueden entrar por la puerta falsa en Bruselas.
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