Las cloacas de Podemos y la mujer del César

12/08/2020

José María Triper.

Ya no son sólo pesquisas judiciales o denuncias de periódicos. Unidas Podemos, el partido que acaudilla Pablo Iglesias, ha sido imputado como persona jurídica en la causa que investiga la financiación del partido por presunta malversación de fondos y administración desleal. Y con la formación política el juez ha imputado también al tesorero, a la gerente y al responsable de campaña y mano derecha del Vicepresidente del Gobierno, Juan Manuel del Olmo.

Unos delitos que son precisamente los mismos que estos fariseos de la llamada nueva política decían que venían a regenerar y que, seis años después, no sólo han incurrido en los mismos vicios de los que acusaban a la vieja política, sino que los han superado con creces, intentando camuflarlos con mentiras, falta de transparencia y cortinas de humo para desacreditar a las instituciones democráticas.

Recordar que por un caso como este hubo una moción de censura promovida por el hoy Presidente del Gobierno. Y ahora, ¿qué dice Sánchez de todo esto? De momento algunos barones regionales y también destacados miembros del Gobierno ya han empezado a sugerir al jefe del Ejecutivo la conveniencia de romper la coalición con su socio podemita, al que acusan de “deslealtad y de hacer oposición al Gobierno desde dentro del Gobierno” para recuperar la imagen y el electorado perdido en Galicia, en el País Vasco y en las encuestas y para tapar la podredumbre de sus causas judiciales, a las que se suma hora las prácticas presuntamente delictivas investigadas por los jueces y denuncias por el Tribunal de Cuentas.

Son voces como las de las tres vicepresidentas, Calvo, Calviño y Ribero, con las que Iglesias está enfrentado y mantiene diferencias irreconciliables. Como las de las ministras de Defensa, Margarita Robles, y de Hacienda, María Jesús Montero. O las de presidentes autonómicos, como Lambán, García-Page y Fernández Vara, a las que se suman también las bases del partido como muestra la encuesta de Sigma Dos que muestra como son ya el 41,4 por ciento de los votantes del PSOE quieren a Podemos fuera del Gobierno.

La necesidad no salpicar la imagen del Gobierno y del PSOE con la podredumbre de las cloacas podemitas, la urgencia de reforzar las instituciones del Estado para hacer frente a los momentos más dramáticos a nivel sanitario y económico de nuestra reciente historia y de aprobar unos Presupuestos que permitan gestionar con eficacia los dineros que vengan de Bruselas son los argumentos de quienes defienden la ruptura, que exigen también una reacción firme de Moncloa frente al “vocerío inconsciente” de los cachorros de las Juventudes Socialistas que siguen jugando a un republicanismo tan infantil como ignorante.

La pelota está ahora en el tejado de La Moncloa, y Sánchez y su guía Iván Redondo deben decidir entre seguir los consejos de los antipodemitas y dar un giro hacia la moderación y el acercamiento a Ciudadanos y al Partido Popular para el fortalecimiento de las instituciones, el modelo sanitario y unos Presupuestos basados en un programa económico coherente o seguir uniendo su destino al de unos socios que ni gobiernan ni dejan gobernar y a los que la Justicia imputa actividades delictivas. Un dilema ante el que haría bien el Presidente en recordar aquello que se dice de la mujer del César, que no sólo debe ser honesta, sino parecerlo.

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