Si me atuviera a un párrafo de la ministra de Hacienda, a la vez que Portavoz, en la rueda de prensa del martes, el decreto de utilización de los excedentes municipales, merecería la contestación consabida de las adivinanzas: la gallina.
Tengo como amigos a algunos ministros de Hacienda…después de que han dejado el cargo. Mientras lo ejercen, les he tildado de brujos, bucaneros, bandidos generosos y creo que alguna otra cosa peor. En realidad son maestros prestímanos, tomo esto por aquí, lo convierto en otra cosa por allá y la paloma que sale del sombrero es una nueva figura impositiva, porque en el truco hay una fuga y nunca reaparece la misma cantidad que entró.
Ese tejemaneje es el que plantea Montero a los municipios y provincias y el que Abel Caballero ha aceptado sin rechistar como presidente de la FEMP y el que ha provocado el rechazo de alcaldes y presidentes de diputación de toda laya política, incluido el PSOE.
La mecánica para ¿consentir? que los municipios utilicen ¿libremente? sus remanentes de tesorería suena supercalifragilisticoespialidosa y es falaz. Un ministro, ni siquiera de Hacienda, puede decir que se trata de un artificio para sortear lo que taxativamente señala la ley. Las leyes se modifican con normas del mismo rango. Háganlo, pero no digan que entre todos van a hacerse trampas en el solitario.
A mí, la norma actual me parece manifiestamente mejorable (como las fincas para aquel ministro de Agricultura) sin dejar de observar su sentido inicial que, no lo olvidemos, tiene su origen en la limitación de gastos de las administraciones que exigió Bruselas en la crisis financiera internacional. La disciplina en el gasto es una servidumbre inalienable para las Administraciones públicas, lo mismo que para los individuos de a pie. Curiosamente, si se trata de particulares, los excesos de gasto te califican de manirroto, fantasma, imprudente, temerario, estafador… pero si se trata de una Administración, mucha gente lo corea y lo aplaude, sobre todo si es de los que optan a la pedrea.
Pues eso.
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