El cega ciego

19/08/2020

José María Triper.

A imitación del Presidente del Gobierno, y sin que sirva de precedente, también este cronista intentó desconectar, ma non troppo y sólo en breves días, de tanta actualidad y tanta crisis, intentando reponer fuerza e ingenio para este otoño caliente que se nos avecina.Y en este menester de querer y no poder llegó a mis manos, todavía oliendo a imprenta El Cega Ciego. La última aventura literaria del siempre ingenio inquieto de Apuleyo Soto.

Es Apuleyo periodista y maestro, pero también maestro de periodistas, entre otros de quien esto escribe. Caballero andante en este oficio de escribir y embajador ejerciente de su tierra segoviana, Apuleyo ha tocado en su dilatada trayectoria todos los géneros de la literatura, desde el verso hasta la escena, pasando por la crónica periodística y el género infantil. Pero donde brilla especialmente es en la narrativa de trayectos y paisajes.

Como su Del Duratón al Duero, es este El Cega Ciego un libro de viajes, sí; pero también un libro de historia, de leyendas, de costumbres, tradición y poesía. Todo un peregrinaje humano a lo largo del rio Cega, desde su nacimiento “a horcajadas sobre el puerto de Lozoya-Navafría, con un pie asentado en cada provincia (Madrid-Segovia)”   hasta su “entrega en brazos del padre Duero, allá por Boecilla y Viana” ya en tierras vallisoletanas.

Un periplo que Apuleyo emprendió un amanecer de junio de 2013, cumpliendo un sueño de la infancia, fascinado por el misterio andante de un rio pequeño, pero un río indómito “domeñado antaño por los molinos a los que ha sometido con el paso del tiempo”, como le describe Fermín de los Reyes en su epílogo. “Un río flanqueado en gran parte por esos pinos tan característicos de la zona, muchos kilómetros en Tierra de Pinares oculto entre estos y esa arena que le ciega, en una lucha que el Cega Ciego gana poco a poco horadando sus orillas y haciendo caer pinos y otros árboles en una voracidad pausada e insaciable”.

Un rio cargado de cicatrices y experiencias como las que Apuleyo confiesa que lleva en el cuerpo y en la mente en esa autoentrevista con la que el autor quiere poner punto y final a su viaje. Un viaje por paisajes fascinantes de esa Castilla eterna y en el que el peregrino gozará también de naturaleza, historia, gastronomía y el trato con esas gentes nobles de las tierras castellanas. Un viaje que ya inicio, y recomiendo, acompañado por la erudición ilustrada y la prosa brillante de Apuleyo.

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