Que el Presidente monte un show mediático con los principales directivos y empresarios de este país como invitados especiales para no decir nada, salvo propaganda y autobombo, probablemente por que no tiene nada que decir, es lo habitual de este Gobierno y asumido.
Que Pedro Sánchez vuelva a mentir cuando exige, que no pide, unidad y el esfuerzo común por encima de las ideologías, él que es incapaz de mantener la unidad en su Gobierno y es el principal promotor de la división social y el enfrentamiento político, después de más de cinco meses sin llamar al jefe de la oposición y lanzando veneno y falsedades contra un Ejecutivo y una Comunidad, la de Madrid, a la que odia porque no consigue gobernar, es algo que no sorprende, porque la mentira forma parte de su esencia, pero indigna.
Y que los representantes de la élite empresarial acudan a la cita a sabiendas de la inanidad y nula fiabilidad del personaje y de sus socios de coalición, es algo que les va en el cargo, además de que la educación lo exige.
Pero que esos supuestos líderes empresariales callen como Judas ante un discurso en el que el jefe de un gobierno que es reconocido internacionalmente como el que peor ha gestionado la pandemia en el mundo desarrollado y con una economía al borde del abismo, es algo que ni se espera e, incluso, algunos de ellos se conviertan en palmeros del showman de Moncloa es algo que no se entiende y raya en la vergüenza.
Con más de 183.000 personas fallecidas por el COVID y seis millones de contagios, los peores datos de Europa y la gestión más calamitosa de la pandemia en el mundo desarrollado, como atestiguan los informes de los organismos internacionales.
Casi cuatro millones de parados y otros dos millones de trabajadores todavía afectados por los ERTE, de los que entre el 30 y el 40 por ciento no volverán a su puesto de trabajo, además de ser el país con mayor desempleo juvenil de la Unión Europea.
Más de 900.000 empresas cerradas entre marzo y agosto ante la indolencia de un Ejecutivo que ahora busca la complicidad de los grandes del Ibex 35, cuando sus medidas de apoyo a la actividad empresarial son seis veces inferiores a las de Alemania, en porcentaje del PIB, y la mitad de las adoptadas por Italia y Francia.
Unas ventas del comercio minorista en caída libre con un descenso acumulado del 9,5 por ciento en lo que va de año.
Una caída histórica del PIB del 18,5 por ciento en el segundo semestre, la segunda mayor de la UE, tras el Reino Unido, y una previsión de descenso anual próxima al 15 por ciento, la más alta de la OCDE.
Y con un déficit público que supera el 11,9 por ciento del PIB con una deuda del conjunto de las Administraciones Públicas que alcanza ya el 110,5 por cien al final del segundo trimestre y que los analistas elevan al entorno del 120 por cien al final del ejercicio, es inadmisible el silencio y sumisión de quienes son los máximos responsables del crecimiento económico, el desarrollo industrial y tecnológico, la creación de empleo y la sostenibilidad del estado de bienestar de este país, ante un Presidente que no anunció reformas económicas ni sanitarias, ni habló de prorrogar los ERTE, ni de ayudar a las empresas y que veta a los autónomos y pymes que son el 98 por ciento de nuestro tejido empresarial.
Un silencio, prudente para algunos y cobarde para otros que, a primera vista, invita a una pregunta y suscita una intuición. La interrogante es ¿a cambio de qué? ¿Les ha garantizado ya la prórroga de los ERTE, aunque allí no lo dijera? ¿Les ha dado garantías de que no subirá el IRPF, Sociedades y la imposición a grandes fortunas, aunque si toque el bolsillo de las clases medias y los más desfavorecidos con impuestos medioambientales a las tecnológicas que pagaremos los consumidores? ¿Les ha convencido de que no tocará la reforma laboral? Que lo expliquen, si es que pueden.
Y la intuición es que estos mismos directivos y empresarios, los llamados “grandes del Ibex, todavía no se creen al PP de Pablo Casado como alternativa seria de gobierno. Algo que debería ocupar y preocupar a la oposición mayoritaria y a ese centro derecha dividido en tres marcas y que por ello es el principal aliado para la perpetuación de Sánchez en Moncloa.
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