La octava ronda de negociaciones UE-Reino Unido esta semana ha comenzado con polémica. La fecha de 31 de octubre de Michel Barnied, negociador de la UE ha sido rechazada por el primer ministro Boris Johnson, para quien la UE tiene que llegar a un acuerdo el 15 de octubre o estar preparada para «la falta de acuerdo». Además el Reino Unido ha previsto la sustitución del tratado de 2019 sobre la frontera irlandesa en un próximo proyecto de ley de mercado interior que se presentará en el Parlamento esta semana, con el correspondiente alboroto de la UE y acusaciones de que el Reino Unido es un negociador poco fiable y está retrocediendo. Sin embargo, algunos asesores del Reino Unido han señalado que sólo habrá ajustes técnicos en el protocolo sobre Irlanda del Norte en ese proyecto de ley.
El caso es que Barnier considera que se necesita tiempo para que las instituciones de la UE vean y aprueben cualquier acuerdo antes del 31 de diciembre. El plan del Reino Unido, mantener los aranceles y restricciones comerciales a cero, tiene la ventaja de la simplicidad, pero está alejado de la complicada realidad comercial. Barnier insiste en que el Reino Unido absorba algunas normas de la UE, incluidas las relativas a salud, seguridad y protección del medio ambiente, pero el Reino Unido acusa a la UE de regulación excesiva, cuando el propósito del Brexit era liberarse de la (supuesta) burocracia europea.
El caso es que estamos en fase de diálogo de sordos y es poco probable que esta semana de conversaciones proporcione un avance significativo.
Claridad a mediados de octubre
Creemos que la claridad surgirá a mediados de octubre, cerca de la fecha límite. Por tanto las señales actuales son principalmente posturas ante una eventual convergencia. A mediados de octubre, cuando la «relación señal-ruido» mejore, nuestro escenario central es que la fecha límite del 31 de diciembre se extienda y conlleva la ampliación del statu quo, pues pensamos que el Reino Unido quiere un trato.
Ahora bien los riesgos están aumentando a medida que avanzamos hacia el 31 de diciembre.
Contracción del PIB del 10,5%
El Gobierno del Reino Unido ha causado confusión respecto a planes para aumentar el impuesto a las empresas. Además hay incertidumbre respecto al plan gubernamental para trabajadores, que se supone termina el 31 de octubre. Ha ayudado a diez millones de trabajadores y en ausencia de prórroga, la tasa de desempleo podría aumentar considerablemente. Por ahora el desempleo es 3,9% (8,4% en EEUU), pero una austeridad presupuestaria aumentarían el riesgo de la ya frágil economía del Reino Unido, que ha registrado una de las mayores caídas del PIB el segundo trimestre de las economías desarrolladas (menos 21,7% en términos anuales).
Nuestra previsión en 2020 es una contracción del PIB del 10,5% y en 2021 crecimiento del 6%, por impacto de la incertidumbre del Brexit y sin recuperación en ‘V’.
Cautela con la libra
Seguimos cautelosos con la libra esterlina, pues no vemos conductores para una apreciación significativa.
Aunque el estímulo fiscal y apetito por el riesgo global han llegado a apoyar la moneda durante el verano, las nubes oscuras de datos macroeconómico están regresando a medida que se acerca el otoño. El empuje fiscal en Reino Unido se está desvaneciendo e incluso puede revertirse. Además es probable que el Banco de Inglaterra aumente su programa de compra de activos las próximas semanas, más que tipos de interés negativos.
El aumento de la incertidumbre a medida que nos acercamos a octubre puede pesar en la libra y las crecientes posibilidades de Brexit sin acuerdo pueden ser particularmente negativas para la moneda británica, pues harían más probables los tipos de interés negativos en un país con déficit por cuenta corriente, los cuales podrían darse en el caso de falta de acuerdo con la UE o si el BCE decide reducir aún más sus tipos de interés en territorio negativo.
La libra parece infravalorada por paridad de poder adquisitivo, pero tal métrica no tiene en cuenta el potencial «cambio de régimen» estructural vinculado al daño económico a largo plazo de un Brexit sin acuerdo.
Thomas Costerg y Luc Luyet, economistas de Pictet WM
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