Jonhson nos la juega y se la juega

09/09/2020

Hernando F. Calleja.

Boris Johnson no es sólo un excéntrico populista que se ha llevado al huerto al conservadurismo británico, en una mala copia de lo ocurrido con Donald Trump y con el conservadurismo estadounidense. Boris Johnson es falsario y desleal con quienes hasta hace un momento éramos sus socios. Con Boris Johnson, como dirían en mi tierra, no se puede ir ni a atropar duros.

La maniobra de hacer una ley que enmienda unilateralmente el Acuerdo de Retirada de la Unión Europea, firmado por el mismo, con el burdo pretexto de que dicho pacto contiene ambigüedades, que él mismo provocó durante las negociaciones. El desafío del primer ministro británico es algo, sin lugar a dudas, premeditado. Sabía qué firmaba y sabía que no pensaba cumplirlo. La evidencia queda plenamente demostrada cuando, según la agencia Reuters, el texto enviado al Parlamento admite que ciertas disposiciones del proyecto de ley “tendrán efecto a pesar de la incoherencia o incompatibilidad con el derecho internacional u otro derecho interno”.

A la ilegalidad flagrante y reconocida, el primer ministro británico añade el cinismo político al reconocer que el derecho internacional se quebrantaría “de manera muy específica y limitada”, pero se haría al fin y al cabo. O sea, que Boris Jonhson acaba como sir Henry Morgan y sir Francis Drake, acreditados filibusteros ennoblecidos por su buenas malas artes.

No sé si estoy más indignado que decepcionado o viceversa. Uno no espera de un gran país como el Reino Unido actúe directa y deliberadamente contra la legalidad internacional y, a la vez, contra la palabra dada. Sé que estas actitudes comienzan a ser frecuentes, justo en los países en los que la opinión pública está adormecida por los discursos populistas y nacionalistas. La narcosis de los británicos, como en una buena parte de los estadounidenses, arruina la historia del país o, peor, lo lleva a tiempos en los que la democracia y el imperio de ley y el derecho internacional eran principios inviolables y fueron defendidos heroicamente en dos guerras mundiales.

Quizás alguien entienda que me pongo melodramático por este escarceo de Boris Jonhson. No voy a negarlo. Lo que sí digo es que una de las potencias que atesora la Unión Europea es su impecable expediente en la observación de la legalidad internacional, no sólo económica, sino en ámbitos mucho más amplios de la política y los derechos humanos.  Los despistados que me hayan leído saben que confío en la Unión Europea y en sus dirigentes en la preservación de esos principios. Y que nuestro continente de paz y progreso no puede ser víctima de corsarios como Jonhson o, en otro orden de cosas, como Orban o Erdogan.

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