El mejor mexicano de Madrid estrena carta

16/09/2020

Carmela Díaz.

Los amantes de la genuina cocina mexicana que se sientan huérfanos por el cierre del aclamado Punto MX, están de enhorabuena. En la capital hay un relevo excelente y con dos pluses adicionales: cuenta con un local mucho más bonito y acogedor -con auténticas obras de arte en cada uno de sus rincones, piezas de artesanía mexicana o los magníficos lienzos de Gabriel Moreno- y unos precios por debajo del antaño Estrella Michelin. Pero la calidad del producto y las elaboraciones están a su altura; especialmente con los platos recién estrenados en su nueva carta.

Iztac abrió sus puertas en junio de 2018 en el mismo local que acogiese el primer restaurante mexicano que se inauguró en España, México Lindo. A lo largo de este tiempo ha sabido posicionarse como un referente en la auténtica gastronomía mexicana en Madrid. La nueva carta, diseñada por el chef Juan Antonio Matías -con casi dos décadas de experiencia en los mejores restaurantes de Ciudad de México- ofrece platos y sabores realmente interesantes. En esta ocasión la carta hace hincapié en la cocina de sus costas, dando protagonismo a los ingredientes marítimos, algo inusual en la mayoría de establecimientos de esta cocina en nuestro país.

En su nueva carta mantiene el guacamole, el aguachile negro (absolutamente imprescindible), el mochomo y los tacos árabes (en el podio de los tacos de la capital, elaborados con lagarto ibérico). Entre las nuevas opciones nos encontramos con platos poco conocidos en España como el pan de cazón campechano, las gambas petroleras, el riquísimo salpicón de ternera típico del centro del país -con la frescura propia de los ceviches y la jugosidad de la carne-, el sorprendente Mogo Mogo -plátano macho relleno de picadillo especial, chiltomate, nata agria y queso fresco-. Entre los nuevos tacos están los de estilo rosarito -gamba en tempura negra de chiles secos con lombarda, mayonesa de chipotle seco y aguacate-, los tacos de pescado maya -lubina marinada en achiote a las brasas en tortilla de maíz, frijoles refritos, salsa xnipec, chip de plátano macho y aguacate-, y los de carnitas de pato.

Entre los platillos principales no hay que perderse el estupendo pipián verde papanteco -chuletón de cerdo a las brasas, con salsa de pipas de calabaza, tomatillo verde, jalapeño fresco y cilantro-, las enchiladas mineras, el almendrado oaxaqueño, el pato con manchamanteles, el bacalao a la veracruzana, el solomillo pénjamo -al carbón en salsa de chiles secos- o el mole poblano. Otro punto fuerte es su carta de bebidas: ofrece las mejores etiquetas de tequila -servido con sangrita, como debe ser-, cervezas mexicanas, micheladas, margaritas, mezcales y una selección de vinos mexicanos recién incorporados.

Iztac también disponen de terraza exterior para comer, cenar o tomar algo al aire libre, totalmente habilitada para disfrutar en invierno y en verano.  Y desde la pasada primavera Iztac tienen una carta específica tanto para delivery como para take away.

Conoce la leyenda. Este restaurante recibe su nombre de la leyenda de los amantes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Una historia de amor ambientada en el esplendor del Imperio Azteca que relata la tragedia de estos dos enamorados. Dominado el valle de México por los aztecas, numerosos pueblos vecinos, cansados de pagar el tributo obligatorio, deciden luchar por la libertad del pueblo. Uno de ellos, el cacique de los tlaxcaltecas, padre de la joven y bella protagonista, Iztaccíhuatl, depositó su confianza en el joven guerrero prometido de su hija, Popocatépetl, para liderar su pueblo. Popocatépetl parte a la batalla con la promesa de tomar la mano de Iztaccíhuatl si regresaba victorioso de la batalla. Al poco tiempo, un rival del joven, celoso del amor que ambos se profesan, confiesa a Iztaccíhuatl que su amado había muerto durante el combate. Abatida por la tristeza y sin saber que era mentira, Iztaccíhuatl muere. Un hecho que Popocatépetl desconoce hasta su regreso. Entristecido por la noticia, decide honrar su amor y manda construir una gran tumba ante el sol amontonando diez cerros formando una montaña. En brazos carga el cuerpo de su enamorada hasta la cima. Una vez allí, el joven lo recostó sobre el suelo y le dio un beso póstumo. Con una antorcha en la mano se arrodilla junto a su amada para velar por su sueño eterno. Desde entonces permanecen juntos uno frente al otro. Con el paso del tiempo y con la nieve cubriendo sus cuerpos, los jóvenes se convierten en dos grandes volcanes que seguirán así eternamente.

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