Los catalanes consideran estas generales como elecciones de segunda

19/09/2011

Josep M. Orta. Barcelona. Los partidos catalanes consideran las próximas elecciones generales como secundarias, mientras que los dirigentes de los grandes partidos estatales –Rubalcaba y Rajoy- parece que en pre campaña se han convertido en catalanistas.

Todos los partidos han designado sus cabezas de cartel para las próximas elecciones. Claro que sólo las fuerzas nacionalistas pueden señalar que su candidato es (aunque sea una utopía) candidato a la presidencia del Gobierno. Es más, para el presidente de CiU, la posibilidad de que su formación entre a formar parte del futuro gobierno “no es una prioridad”. El resultado de las mismas y la influencia que estas elecciones tengan en Catalunya depende más de si el PP tiene mayoría absoluta (con lo que el papel de los catalanes se reduciría al mínimo) o si CiU está en condiciones de articular mayorías parlamentarias, por lo que muchos sectores consideran como secundario estas elecciones, ya que el resultado final no depende de sus votos.

Hay incógnitas menores, como comprobar si los socialistas y ERC siguen su pérdida de cuota de mercado y si los primeros se decidirán a recuperar protagonismo en el Congreso con el grupo parlamentario propio o seguirán acatando la disciplina de grupo que actualmente les impone el PSOE.

Los socialistas, con Carme Chacón como cabeza de cartel, viven inmersos en una profunda crisis interna y un problema de definición de objetivos. Sus actuales 25 diputados han pasado desapercibidos y se han visto prisioneros del PSOE que les han forzado –por disciplina de grupo- a votar las reivindicaciones aprobadas por el Parlament. Incluso la actual candidata soliviantó a los suyos al valorar positivamente la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. La reivindicación de importantes sectores del PSC de recuperar el grupo propio en el Congreso la rechazado de raíz. Además, ostentar la cartera de Defensa en una sociedad con muy escasa sensibilidad militar (por no decir significadamente antimilitarista) tampoco es una buena carta de presentación.

Las últimas elecciones municipales y autonómicas han dado un serio correctivo a los socialistas catalanes y todos los indicios apuntan a que su parroquia está más que desmoralizada. Además el partido tiene pendiente un congreso que ha de redefinir su papel en la sociedad y del que han de salir profundos cambios, tanto de personas como de programas, con lo que las actuales listas son más de pasado que de futuro. Parece que su objetivo es mantenerse como primera fuerza en unas elecciones legislativas, aunque con una importante merma de escaños.

Cierran filas en torno a Pérez Rubalcaba, que asegura entender a los catalanes y critica la catalanofobia existente en el resto de España, que culpa al PP (olvidándose de los dirigentes socialistas como Guerra o Rodríguez Ibarra, por citar sólo a dos, que no son ajenos a estas actitudes). Hizo en la fiesta de los socialistas catalanes una encendida defensa del sistema educativo catalán y obvió las responsabilidades de su formación en la actual crisis pero su afirmación de que “los catalanes están muy cómodos en España” posiblemente sea una afirmación temeraria incluso para aquellos que no son independentistas.

Por el contrario el PP vive su momento dulce en Catalunya. Los resultados de los últimos comicios autonómicos y locales le han puesto en el mapa y ha dejado de ser un partido testimonial. Sus agresivas campañas –algunas bordeando al racismo- han tenido su premio. En cambio ahora han moderado su discurso y pasan de puntillas sobre sus campañas contra la autonomía catalana. Basan su discurso en luchar por la recuperación económica y dejan las puertas abiertas a un posible entendimiento con CiU. De alguna manera se juegan la mayoría absoluta en Catalunya y por ello incluso aceptan “estudiar” la propuesta convergente sobre el pacto fiscal. Si en España Rajoy considera que le basta con no meter la pata para ganar las elecciones, su objetivo en Catalunya es no espantar al electorado y evitar los temas conflictivos..

Evidentemente hacen oídos sordos a las propuestas independentistas que realizan cada vez más significativos sectores sociales y en cambio sacan pecho del apoyo que dieron a CiU para que sacara adelante los presupuestos. Su gran objetivo es lograr un escaño en Girona, demarcación que sólo una vez –precisamente con su actual presidenta, Alicia Sánchez Camacho– consiguieron. Evidentemente que los populares catalanes tengan voz propia en el Congreso ni se lo plantean. El cabeza de cartel es el de siempre: el veterano Jorge Fernández Díaz.

El otro gran protagonista de es CiU. Su triunfo no depende de su resultado, si no de que el PP tenga o no mayoría absoluta. En el primer caso, incluso si lograran ser la primera fuerza en Catalunya, su papel sería testimonial. En cambio el valor de sus diputados valdrá oro si sus votos son necesarios para configurar mayorías y es en esta hipótesis que se mueve tanto Artur Mas como Josep Antoni Duran Lleida. En este caso las propuestas de reformular la financiación autonómica tendría el campo abierto, en caso contrario todos los objetivos de legislatura de CiU serían papel mojado.

El papel de los otros protagonistas es más que secundario. ERC, otro partido en crisis, ha cambiado a sus dirigentes y el escritor Alfred Bosch será el cabeza de cartel, tras derrotar en las primarias a Joan Ridao. Es otro partido en crisis y que encadena revés electoral tras revés electoral. No parece que en las generales rompa esta racha.

Finalmente los ecosocialistas de IC presentan como cabeza de cartel a Joan Coscubiela, el ex secretario general de las Comisiones Obreras catalanas. Su objetivo es doblar su representación parlamentaria y conseguir un segundo escaño por Barcelona.

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