Voy a pasar por alto la torpeza del ministro Escrivá, que ha afirmado que los periódicos atormentamos a los ciudadanos con los datos, como si el tormento lo pusiéramos nosotros y no ellos con las cifras que fabrican.
Estamos en las semanas decisivas en las que los asuntos económicos cobran su natural importancia, incluida la barahúnda de números, cálculos previsiones, ensoñaciones y rogativas. Sabemos ya que el techo de gasto, un elemento simbólico, se situará en 196.097 millones de euros, cifra que supera por primera vez los 182.000 millones del ejercicio de 2010, aunque no son comparables porque el año que viene se meten ya más de 20.000 millones de fondos comunitarios. O sea que es un techo de gasto que no merece el título de histórico que con tanto énfasis le ponen algunos.
Sabemos ya que el PIB, en datos ajustados de este año, estará en torno a los 1,100 billones de euros (unos 150.000 millones menos que en 2019) y que, como se desprende de las previsiones de la vicepresidenta Calviño, el PIB de 2021, subirá hasta 1,177 billones.
Con esos datos básicos, las previsiones sobre el empleo no pasan de simples conjeturas. Sostiene Calviño que el año próximo se crearán unos 400.000 empleos. Esta cifra no significa absolutamente nada (como los 800.000 que anunció el miércoles el presidente del Gobierno. El subconsciente traiciona a Sánchez con la mítica cifra que proyectó a Felipe González a la presidencia del Gobierno y que recuerdo a los desmemoriados y a los jóvenes que se tradujo en una cifra semejante de empleos destruidos).
En unas circunstancias como la presentes, con cerca de un millón de trabajadores en ERTE (perdonen esta imprecisión, pero la última cifra oficial que he encontrado se refiere a agosto y eran 959.000) hablar de creación de empleo es una moneda al aire, porque nadie puede saber cuántos de esos ertianos van a recuperar su empleo y cuántos se irán definitivamente al paro. Y del multiplicador utilizado por Sánchez en la presentación de su flamante Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, al que con toda sinceridad deseo un éxito rotundo, por lo que nos va en ello, nada sabemos.
Los datos y las perspectivas son sombrías y la flexibilidad de controles no ayuda, en el contexto político actual, en el que la oposición se pone cada día en evidencia ante la opinión pública por su desnudez estratégica y su enrocamiento en un conservadurismo rancio y un Gobierno de coalición en el que los socios populistas someten cada día a los aliados socialistas a severos test de estrés.
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