«La recuperación económica de China tras la pandemia de Covid-19 resulta destacable por la celeridad con la que se ha producido, descontando la más temprana incidencia de la enfermedad respecto a otras áreas geográficas», señala un analisis publicado por el Banco de España y elaborado por Alejandro Buesa.
«La economía china ha recuperado el nivel de actividad de finales de 2019, si bien persisten algunas asimetrías en el avance de la reactivación, como el menor dinamismo de algunos sectores de los servicios», destaca.
No obstante, el análisis del Banco de España matiza que «esta experiencia podría no resultar totalmente extrapolable a otras economías, por la confluencia de ciertos factores específicos, como la estrategia sanitaria, que, por el momento, ha evitado rebrotes de la enfermedad, y, en el plano económico, efectos transitorios de gran impacto derivados de su especialización productiva en manufacturas, que han contribuido a sustentar la recuperación mediante la demanda externa».
La favorable evolución epidemiológica desde principios de marzo llevó al Gobierno chino a un proceso de suavización gradual de las medidas más severas de lucha contra la pandemia, en vigor desde enero, relajando los confinamientos domiciliarios y las restricciones a la movilidad de las personas y al desarrollo de la actividad económica y empresarial.
El resultado es que la recuperación de la actividad económica se encuentra ya muy avanzada en el conjunto del país, aunque fue inicialmente más retardada en la provincia de Hubei, origen de la pandemia. La movilidad de las personas se ha normalizado progresivamente, hasta alcanzar los niveles precrisis a principios de octubre. La actividad industrial se ha recuperado con celeridad, aunque sostenida en parte por factores de naturaleza transitoria, como el abastecimiento de la demanda de otras economías con medidas de confinamiento en vigor.
En cambio, la actividad de los servicios, que requieren un elevado grado de interacción personal, todavía se encuentra rezagada. Por el lado del gasto, el consumo de bienes duraderos ha seguido una senda de recuperación más lenta, al tiempo que se observa un aumento de la tasa de ahorro, que puede «obedecer a motivos precautorios».
Además, la pandemia ha ejercido, fundamentalmente, presiones a la baja sobre la inflación.
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