Si algo ha quedado claro en la sesión de hoy es que a los mercados europeos les ha sentado muy mal las medidas de Bernanke y los comentarios velados de la Fed sobre el «riesgo exterior en aumento» para justificar su tránsito desde el corto al largo plazo. No les gusta nada lo que han hecho y lo han demostrado de la mejor manera que tienen a mano, derrumbándose.
Esta mañana, un amigo me explicaba muy claramente su percepción de lo que ha hecho Bernanke. «Imagina que tienes un pagaré y el tío que te lo ha dado te llega y te dice que en vez de a seis meses que mejor lo pasamos a dos años. ¿Qué opiniarías del tío?» Mi respuesta fue sencilla: «Que las está pasando canutas». Y el corolario de mi amigo no se ha hecho esperar: «Pues eso exactamente es lo que ha hecho Bernanke, así que ahora ya sabes lo que pienso de él».
Mi amigo no debe ser el único que piensa así, porque al grito de tonto el último las carteras se han deshecho en un abrir y cerrar de ojos. Lo que me extraña más es que se haya colocado todo porque salvo algún cazagangas temerario o un cuidador desesperado no veo ningún motivo para comprar ahora mismo ningún valor (bueno, puedo hacer alguna excepción con alguno de los que ayer se atrevieron a subir en Wall Street contra viento y marea).
Pero volvamos a lo nuestro. Los tiros apuntan a la Eurozona desde hace tiempo y Bernanke no hizo ayer sino confirmarlo. Si el que debe transmitir calma la lía, apañados estamos. No es que sea una mala medida «per se» la maniobra de la Fed, simplemente se ha presentado muy mal y evidencia miedo. Conecuencia: las primas de riesgo volvieron a dipararse en la Eurozona, los ojos se volvieron de nuevo hacia Grecia y los mercados se derrumbaron.
Curiosamente, los índices menos afectados (si es que pueda hablarse de esta forma) fueron los en teoría más débiles, el Ibex y el Mibtel italiano, lo que se traduce claramente en que los tiros van más contra los sistemas financieros alemán, francés y, ahora también, británico. Su exposición a todo tipo de deudas públicas es grande y eso lo huelen los mercados a distancia. En nuestro suelo patrio, no obstante, no puede decirse que los bancos salieran de rositas precisamente, con BBVA y Santander bajando más de un 3%.
Sufrieron también los valores industriales gracias a un lamentable PMI de la Eurozona, un dato muy seguido por los analistas y que refleja claramente y cada mes que pasa con mayor claridad que el riesgo en este momento se llama recesión, por mucho que desde Bruselas y desde los distintos países se diga lo contrarip. El indicador no habla de desaceleración sino de riesgo de recesión, que no es lo mismo.
Con estos ingredientes y una apertura en Wall Street de las que quitan el hipo, lo que fue una «machada» fue el intento de recuperar algo de terreno al final de la sesión para llevar a los índices a territorios algo menos abruptos. Ni qué decir tiene que el intento fue en vano. Al cierre, el Dax perdió un 4,96%, el FTSE un 4,67%, el CAC un 5,25% y el Ibex un 4,62%%. Lo más «gracioso» de todo es que mientras todo esto ocurría, la flamante directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, alababa las medidas de ajuste aplicadas en Europa. Ahora ya sabemos con exactitud lo que opinan los mercados de las opiniones de Lagarde.
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