Axesor Rating ha otorgado una calificación no solicitada de A-con perspectiva «estable» a Chile. El primer informe de calificación crediticia de este país destaca que la trayectoria de los últimas décadas ha tenido como resultado que su economía haya crecido por encima de la región pudiendo así resistir mejor el impacto de la crisis sanitaria y afrontar de forma más favorable la recuperación prevista para los próximos ejercicios.
El bajo nivel de deuda es uno de los puntos fuertes de la economía chilena. El pasado ejercicio el nivel de deuda bruta sobre PIB fue del 27,9% y del 7,9% en términos netos. A pesar del impacto del COVID-19 que, de forma lógica, provocará un incremento de las anteriores cifras, Chile cerrará el año con unos niveles de deuda sobre PIB del 32,8% y 14,7% en términos brutos y netos respectivamente. Circunstancia que le facilitará el acceso a los mercados financieros y le permitirá financiarse en mejores condiciones que otros países emergentes.
Desde Axesor Ratingdestacanlas políticas fiscales “coherentes” puestas en marcha por el Gobierno chileno, así como la estabilidad de los precios-con una inflación mantenida en niveles de entre el 2% y el 4%-y del tipo de cambio.
Además, Chile cuenta con un sistema financiero sólido caracterizado por su alta concentración, con una rentabilidad media del 15,8% y una baja tasa de morosidad de apenas el 1,9%.
En el ámbito del mercado laboral, se prevé que a final de año Chile registre una tasa de paro del 11,4% algo más de cuatro puntos por encima de la registrada el pasado ejercicio (7,2%). No obstante, la calificación tiene en cuenta la alta tasa de temporalidad y del trabajo por cuenta propia del país, con tasas del 27% y 27,2%, muy por encima de la media de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) del 11,8% y 15% respectivamente. Niveles que, unidos a las cifras de paro juvenil, afectan de forma negativa a la productividad laboral con una mayor rotación de trabajadores y un bajo gasto en formación que repercute en el crecimiento estructural del país.
A lo anterior se añadeel impacto de la pandemia en la economía chilena, que pasará de crecer un 1,1% en 2019 a contraerse un -6,0%en 2020, tal y como apunta el Fondo Monetario Internacional (FMI). De hecho, en el segundo trimestre de este año 2020 la caída fue del14,1%. No obstante, la calificación también tiene en cuenta que Chile es la segunda economía que menos cayó de las seis principales de Sudamérica, que oscilaron entre el -11,4% de Brasil y el -30,2% de Perú.
De cara a 2021, se estima que Chile crezca a un ritmo del 4,5% y que,en los primeros meses de 2022,el PIB recupere los niveles previos a la pandemia. Cifras mejores que las previstas para el conjunto la región, cuya economía se contraerá un -8,1% este año 2020,remontando un 3,6% en 2021.
A pesar de que Chile es uno de los países de Sudamérica más afectadospor la pandemia -segundo con más casos por habitante y cuarto por muertes-, el reducido peso del turismo junto con la importancia de sectores como la industria manufacturera o los servicios empresariales y financieros,así como la orientación de sus exportaciones al mercado asiático (el 54,1% fueron a Asia) hacen que parta de un mejor punto de partida para afrontar el impacto económico originado por la crisis sanitaria.
La calificación de Axesor valora los niveles moderados de deuda bruta sobre PIB de Chile, que finalizó el año 2019 con una ratio del 27,9%, cifra considerablemente menor respecto a otros países desarrollados y emergentes. Buena posición que se refuerza considerando la deuda neta sobre PIB que cerró el último ejercicio en un 7,9% beneficiada por los activos financieros que posee el Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES)y el Fondo de Reserva de Pensiones (FRP), que ejercen como ‘colchones’ ante posibles imprevistos. No obstante, destaca el aumento significativo de la deudaque se ha producido durante los últimos años y que se prevé continúe a lo largo delpróximo lustro. De hecho, el FMI proyecta que la deuda pública alcanzará el 41,9% del PIB en 2024, entre otras cuestiones por el coste de las medidas puestas en marcha en 2019 bajo el programa de reformas denominado ‘Nueva Agenda Social’ (aumento de las pensiones, ingreso mínimo…), así como por el incremento del gasto público derivado de la crisis sanitaria.
En este sentido, el Gobierno chileno recoge en el proyecto de Ley de Presupuestos para 2021 un incremento del gasto público del 9,5% y un crecimiento de la inversión pública del 14,9%. Todo ello elevará el déficit estructural al 4,7%. Aun así, el mayor margen fiscal de Chile respecto a los países de su entorno permite la puesta en marcha de planes de estímulo de envergadura que serán decisivos para afrontar tanto laactualcrisis como la posterior recuperación de la economía chilena.
Entre los potenciales riesgos, desde Axesor Rating advierten de los altos niveles de deuda privada que alcanzaron el 205,5% en 2019 y que crecierona un ritmo medio del 3,5% durante la última década.
Otra de las amenazas es la posible caída de la demanda y precio del cobre -mineral que representa el 50% de las exportaciones chilenas-por el retroceso en el crecimiento de la demanda global. Hecho que se vería compensado por los menores costes energéticos o la caída de las importaciones derivadas de la menor demanda interna.
Por otra parte, las reservas internacionales del Chile se encuentran en niveles adecuados totalizando unos 37.000 millones$ en abril de 2020, lo que representa cerca del 15% del PIB chileno.
El debilitamiento del crecimiento económico, la elevada desigualdad o las tensiones sociales hacen que Chile se enfrente a un periodo exigente con numerosos retos en un contexto complejo, en el que además el paísestá inmerso en un proceso constitucional que “esperamos que refuerce la calidad de su democracia sin debilitar las fortalezas institucionales y consensos que han permitido al país obtener buenos resultados durante las últimas décadas”.