Actualmente los canales de información son múltiples y diversos. Nunca en la historia las personas habían tenido acceso a tantas fuentes como ahora y también nunca tanta gente se dedicaba a juntar letras y difundirlas por los numerosos canales que tiene a su alcance.
Ahora algunos han puesto el grito en el cielo por los intentos del Gobierno de regular las informaciones. Unos lo ven como un ataque a la constitucionalmente reconocida libertad de expresión y no han tardado en enseñar las uñas (curiosamente muchas de las protestas provienen de los que más confunden sus deseos con la realidad y que difunden informaciones poco rigurosas cuando no falsas).
No hay que confundir la libertad de expresión (que no es sinónimo de libertad de insulto) con la libertad de información, como ahora parece que algunos hacen. Informar es tratar de explicar profesionalmente las cosas que sabemos que pasan (las que ignoramos, evidentemente no las podemos difundir), tras haberlas contrastado y verificado. De manera que el consumidor pueda tener la certeza de que lo que se cuenta es verídico.
El papel de cada medio es valorar las noticias para darles el tratamiento que editorialmente interesa a los dueños de los medios (que no es un condicionante menor). Desde darlas en portada o relegarlas a un breve en medio del informativo o sencillamente ignorarles. Un entrañable director de un diario en el que he trabajado muchos años y que para mi ha sido un verdadero maestro afirmaba que “a mi me dejáis elegir los temas de portada y os regalo todos los editoriales”. O dicho de otra manera cualquier información lo encabeza un titular que es una forma de seleccionar drásticamente el resto del contenido de la citada noticia. Y aún un tercer ejemplo: la mayoría de las noticias que llegan a un medio tienen como destino el archivo general, popularmente conocido como papelera.
Cuento esto para señalar que hay mil y una forma de ofrecer una visión determinada de la información, pero lo que se dice ha de ser por lo menos verdad. Ahora en muchos medios la versión que ofrecen dista mucho de lo que realmente ha sucedido, por no decir que directamente es mentira.
Intereses políticos, económicos, amigos de los amigos del editor o el populismo han propiciado la degeneración de muchos medios. No creo en la censura previa pero sí que hayan unos ciertos mecanismos capaces de corregir determinados excesos y no comulgar con ruedas de molino ni los comunicados oficiales ni determinadas filtraciones interesadas. Lo que se difunde se ha de contrastar. No es un tema de libertad de expresión (esto vale para los artículos o los editoriales, no para las noticias) si no de libertad de explicar lo que sabemos que está pasando.