Lo de la Fed fue ayer, el efecto sobre Wall Street fue ayer y sobre Europa ha sido hoy. Vale que podemos tener aún una resaca en la jornada americana de hoy, pero conviene ir buscando otros argumentos más allá de la decepción con las medidas puestas en marcha por Bernanke y sus muchachos, a la que dedicaré unos párrafos después de explicar por dónde van hoy mis preocupaciones.
La jornada ha sido pésima. Incluso este calificativo puede quedarse corto si lo pensamos bien, pero no hay que echarle todo la culpa a la Fed y al miedo que ha metido a todo el mundo en el cuerpo y . Y eso poco más allá me lleva directamente a FedEx, la multinacional del transporte de mercancías.
Junto a UPS y DHL, FedEx constituye uno de los mejores termómetros de la actividad económica mundial y hoy ha ratificado con bastante exactitud en qué momento nos encontramos. El presidente de la multinacional ha anunciado que este año no se alcanzarán las previsiones de facturación y beneficio como consecuencia del descenso de su volumen de envíos. Traducción: que la actividad económica mundial está, efectivamente, en plena contracción.
Pocas empresas en el mundo pueden presumir de tomar el pulso a la economía mundial todos los días, Fedex es una de ellas y su «caja registradora» día a día es el mejor termómetro del momento económico. Por mucho que su presidente se ha esforzado en descartar una nueva recesión, el mercado, ya muy temeroso, ha tomado buena nota de que las cosas no sólo van mal en el terreno de la fría estadística, sino también en términos de tráfico mundial de mercancías. Y eso asusta mucho.
También con el asunto de la Fed hemos pasado por alto algunas otras «cositas», pequeños «detallitos», que han ayudado sobremanera al pánico. Un PMI europeo claramente contractivo, unos datos que hablan de un menor crecimiento en China y de peligro inflacionario, nuevas advertencias del cada vez más agorero George Soros acerca de la inminente recesión «si es que no estamos ya en ella» o las declaraciones de Alan Greenspan, el ex jefe de la Fed, descartando que Grecia tenga salvación y que va a quebrar «sí o sí«.
Sobre China, los temores no son nuevos; sobre Soros, sus advertencias tampoco son nuevas y está resultando cada vez más pesado ahora que está crecido porque su fortuna aumenta cuando la de Buffett disminuye.
Capítulo aparte para Greenspan, a quien confieso tener un cariño especial a pesar de sus múltiples errores. Le dedicaré unas palabras de un colega banquero central nombrado muchas veces como el mejor del mundo en detrimento del propio Greenspan, el recientemente fallecido Luis Ángel Rojo. En su despedida en el Congreso, ya en plena crisis subprime, Rojo tachó de irresponsables al FMI, a la Reserva Federal, al Banco Mundial, al G-20 y a todo bicho viviente que tuviera responsabilidades o las hubiera tenido porque debían trabajar más y mejor y hablar mucho menos. Señor Greenspan, Luis Ángel Rojo no era tonto, hágale caso.
En el extremo opuesto, desde la UE se encargaban de reiterar que Grecia no quebrará, que no saldrá del euro… pero enseguida sale aquello de «aún no ha completado toda la hoja de ruta». Por favor, cállense todos de una puñetera vez y hablen sólo cuando lo tengan solucionado o cuando decidan que van a dejar caer a los griegos después de obligarles a firmar hasta que mataron al soldado desconocido. Entiendo que personajes como Van Rompuy tienen que justificar sus fantásticos sueldos y prebendas, pero mucho mejor que lo haga trabajando en silencio.
¿Cómo quieren que suban las Bolsas? ¡¡Lo extraño es que no se hayan derrumbado mucho antes y de forma mucho más profunda!!
Y ahora vamos con la Fed. Me cuentan que no he tenido en cuenta una lectura «positiva» de la operación «twist« como es que anima a los inversores a no refugiarse en la deuda a corto plazo porque ha tirado por los suelos su rentabilidad. Acepto la crítica, pero me temo que los mercados tampoco han hecho esta lectura. Si alguna vez viran hacia esta visión, prometo contárselo, pero de momento ha prevalecido la «visión catástrofe».
Pero como esto es un comentario de Bolsa no puedo obviar contarles un detallito o dos. Primero, mañana todos los periódicos del mundo hablarán de desplome. Buena noticia. Cuando las caídas ocupan las portadas de todo el mundo es cuando suelen comenzar las reacciones. No es imaginación, es pura estadística.
Segundo detalle: los índices recuperaron una cuarta parte de la caída en los últimos 20 minutos de sesión. No han dibujado una vela significativa pero se esforzaron en «minimizar daños».
Tercer detalle: ni el oro sacó tajada de la caída. Ha caído absolutamente todo y las ventas han ido directamente a liquidez. Si el oro no se recupera espectacularmente esa liquidez va a buscar un acomodo en poco tiempo porque no va a estar parado.
Cuarto detalle puramente técnico: hasta ahora todo apuntaba a una figura de canal alcista que se ha roto hoy. La figura puede ser pintada también como un triángulo alcista fallido. En ambos casos la ruptura debe suponer la vuelta al origen de la figura. Esas son las malas noticias. Las buenas, que sólo quedarían 20 puntos en el S&P 500 en el peor de los casos. Una vez alcanzado, la teoría dice que decidirá que hace con su vida, así que muy atentos a los 1.100 puntos de este índice.
Dicho todo esto vayamos con las estadísticas. El Dow terminó cayendo un 3,51%, 388 puntos cuando llegó a perder 525. El S&P 500 finalizó con pérdidas del 3,19%, una caída final de 34 puntos cuando llegó a caer 50. El Nasdaq Composite, por último, cayó un 3,25%.
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