El Banco de España aboga por fomentar la digitalización en aquellas zonas rurales con mayores oportunidades de desarrollo, aprovechando la implantación del teletrabajo, que se ha visto acelerada por la pandemia, para atraer empresas y trabajadores, y reducir la desigualdad de rentas con respecto a las zonas urbanas.
En el análisis Tendencias recientes de la población de las áreas rurales y urbanas de España, Eduardo Gutiérrez, Enrique Moral-Benito y Roberto Ramos reconocen que las ventajas de la densidad urbana consisten en una mayor productividad e innovación, facilidad de acceso a bienes y servicios, reducción de las distancias, eficiencia energética y servicios e instalaciones disponibles. Los inconvenientes de las zonas urbanas son los precios del suelo o la vivienda, así como la exposición a la contaminación o a distintas enfermedades, como refleja la mayor propagación de la pandemia en las zonas con más densidad de población.
El informe muestra que en la última década la economía española experimentó un aumento de la tasa de urbanización, con «un nuevo episodio de despoblación de las áreas rurales».
Hasta 2010, argumenta, la migración internacional aumentó significativamente el número de habitantes en zonas urbanas y palió el envejecimiento de buena parte del territorio rural español. Sin embargo, a partir de entonces, con la crisis financiera, la reversión de los flujos migratorios contribuyó a la caída de la población rural.
En algunos municipios rurales se ha producido una caída continuada de la población durante los últimos 20 años, que es superior al 15% en los municipios de menos de 1.000 habitantes. En cambio, los municipios de menos de 10.000 habitantes integrados en un área urbana funcional experimentaron «significativas» ganancias de población en las últimas décadas.
«Una desigual distribución espacial de la población provoca una distribución también desigual de las rentas, ya que las economías de aglomeración justifican una mayor retribución a los factores productivos en las zonas donde se concentran la actividad económica y la población», destaca el informe.
La población residente en zonas urbanas de España aumentó desde el 65% hasta más del 87% entre 1950 y 2018. «En el período transcurrido desde mediados del siglo pasado, España ha sido uno de los países europeos con un mayor aumento de la tasa de urbanización», subraya el análisis publicado por el Banco de España, que destaca que este incremento fue «especialmente intenso» hasta el final de la década de los setenta, durante el período que se ha denominado ‘éxodo rural’, de modo que la tasa de urbanización se situó en el 82% en 1981.
«Desde entonces, el incremento de la tasa de urbanización ha proseguido, si bien a un ritmo significativamente más lento, como resultado de una dinámica poblacional dispar entre las áreas rurales y las urbanas», explica.
Las zonas urbanas han experimentado un alto dinamismo demográfico hasta 2011, para estancarse posteriormente. Las áreas rurales, por el contrario, aunque aumentaron su población hasta 2010, han registrado «intensas caídas poblacionales» desde entonces.
En España existen 6.491 municipios encuadrados en áreas rurales, en los que reside el 13,5% de la población total. Esta población rural está distribuida entre algo menos del 20% en municipios de menos de 1.000 habitantes, cerca de la mitad en municipios de entre 1.000 y 5.000 habitantes, y un 35% en localidades de entre 5.000 y 10.000 habitantes.
El resto de los municipios, 1.602, se localizan en áreas urbanas y acogen al 86,5% de la población.
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