El presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), Jaime Ponce, recomienda a las entidades financieras trabajar en fortalecer los instrumentos que garanticen la simplificación o posibilidad de separación de determinados negocios para estar preparadas en caso de crisis.
En el XXVII Encuentro del Sector Financiero, organizado por Deloitte, ABC y Sociedad de Tasación, Ponce considera que los organismos de resolución de bancos inviables no deben apostar solo por la recapitalización de las entidades en caso de crisis, sino que es importante también que se trabaje en otras vías como la venta de negocios o la segregación parcial de activos y pasivos, entre otros.
Admite que el requerimiento de generar colchones de protección en el balance, a través del MREL, para el caso necesario de una recapitalización, ha sido «difícil» para algunos bancos: «El nivel de exigencia ha sido tal que, en un contexto de dificultad por el modelo de negocio y la baja rentabilidad, ha sido difícil encontrar un equilibrio entre los requerimientos y la viabilidad». Los bancos mediano, que cuentan con un menor acceso a los mercados, han encontrado «algunas dificultadas vinculadas al cumplimiento del colchón anticrisis».
Es «absolutamente frustrante» que el Fondo de Garantía de Depósitos Único y Común en Europa aún no esté completado, a pesar de que se preveía que en 2020 ya estaría en marcha. «Tras un importante esfuerzo de cesión de competencias supervisoras al BCE y a la JUR, es absolutamente frustrante que se mantenga cierta desunión respecto al Fondo de Garantía de Depósitos», y que la propuesta de la Comisión Europea no haya encontrado el consenso político suficiente como para prosperar.
Ponce cree que la creación de un ‘banco malo’ europeo para hacer frente a la crisis de la pandemia que «no sea muy útil» porque el deterioro viene de deuda fundamentalmente empresarial, sin colateral ninguno.
Tras su experiencia con Sareb, el presidente del Frob explica que un ‘banco malo’ cuenta con una serie de cuestiones críticas, como es el precio de transferencia, cuál es la valoración más adecuada para fijar la salida de los activos del balance de las entidades a un vehículo especial como este. «No es nada fácil, porque hablamos fundamentalmente de deuda empresarial, sin colateral», a diferencia de la crisis financiera de 2007, que derivó en una enorme cantidad de activos deteriorados, pero la gran mayoría con colateral inmobiliario, que es lo que se valora de forma subyacente.
«La crisis de 2020 implica en gran medida carteras de activos empresarial, con un valor económico complicado», precisa. «Igual un tipo de deuda más específico como la deuda industrial o de hoteles tiene alguna ventaja para su vehiculización, pero según mi criterio la deuda empresarial no se beneficiaría de un ‘banco malo’ europeo», concluye.
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