Asia y Pacífico entierran a Trump

18/11/2020

Hernando F. Calleja.

Se llama RECEP (ya le buscaremos un nombre más inteligible con más tiempo) y constituye la mayor asociación de carácter comercial del mundo. Lo acaban de firmar quince países del Pacífico entre los que se encuentran socios fieles de Estados Unidos, país que gracias a Donald Trump, ni está ni acaso se le espera.

Hemos estado cuatro años criticando la política pueblerina y palurda del, todavía unas semanas más, presidente de los Estados Unidos. El pánico a la globalización, la fractura del multilateralismo, la ruptura de acuerdos de larga trayectoria por parte del tórpido mandatario norteamericano han puesto en riesgo los delicados equilibrios de la economía saliente de la crisis financiera y no han ayudado en nada, sino todo lo contrario, a llevar mejor la crisis económica subyacente a la pandemia.

A lo mejor, algunos de los países signatarios todavía no han felicitado a Biden, pero se han dado prisa en enterrar a Trump. China, la gran muñidora de este acuerdo, debe andar de carcajada en carcajada, ante un mercado abierto de 2.100 millones de personas. Japón, Corea del Sur, hartos de las veleidades e intransigencias del magnate-presidente, se orientan, nunca mejor dicho, hacia sus entornos más próximos dando muestras de un desprecio insólito, no a los Estados Unidos, sino al presidente saliente, al que en cuatro años han aprendido a ignorar. Australia, Nueva Zelanda ven un futuro promisorio en este acuerdo comercial y los países de la ASEAN, especialmente Indonesia, Malasia, Singapur y Filipinas ensanchan su terreno de juego competitivo.

Trump, a estas horas, estará perplejo, aunque este acuerdo viene gestándose desde lejos, por el corte de mangas de algunos de sus más conspicuos socios comerciales. Es el caso de Corea del Sur, por ejemplo. La fijación del presidente norteamericano desde su toma de posesión era denunciar un acuerdo de libre comercio veterano, el Korus, porque arrojaba un déficit norteamericano de 18.000 millones de dólares anuales. Le daba igual que los 3.500 militares norteamericanos establecidos en Corea del Sur y sus posiciones estratégicas constituyeran un seguro de vida para el territorio de Estados Unidos ante un eventual ataque nuclear norcoreano. Le dolían en el alma los 18.000 millones de dólares y ¡basta!

El simplismo de Trump le ha granjeado la chufla general, pese a que en su país, todavía más de 70 millones de personas le hayan votado. Para su sorpresa, fruto de su ignorancia, el mundo siguió rodando, los países han buscado salidas y nuevas alianzas y él, impertérrito, convencido de que el aislacionismo y el nacionalismo rancios son el futuro de la que acaso este año deje de ser la primera potencia económica del mundo. El conocido slogan MAGA (Make America Great Again) ha producido el efecto contrario. Ha empequeñecido a Estados Unidos como pieza del sistema internacional hasta límites no conocidos en los siglos XX y XXI. Acaso será algún día conocido por los politólogos como el síndrome MAGA.

El aldeanismo que ahora le pasa por encima a Trump con el Tratado de Libre Comercio asiático-Pacífico, tuvo un precedente, como ya escribimos en su día, en el Acuerdo de Libre Comercio Africano que también se ha producido durante su mandato y los cuarenta y cuatro países signatarios lo hacen mucho más importante por su valor estratégico que por sus  propias dimensiones económicas. A Trump le sonó a paparruchas. Es todo un lince en esto de la globalidad y el liderazgo.

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