Quitad vuestras sucias manos de Madrid

30/11/2020

Carmela Díaz.

La demostración más palpable de la degradación política queda demostrada cuando los representantes públicos eligen la desgracia ajena en vez de luchar por sus propios intereses; cuando se enaltece el enfrentamiento en vez de fomentar la unión; cuando se repudia públicamente a los que prosperan; cuando se persigue la excelencia; cuando los descerebrados se regocijan en la bajeza moral de su ignominia; cuando el progreso y la riqueza están penalizados y se fomenta igualar a la ciudadanía por abajo. La casta ha pasado de exigir lo que les beneficia a demandar el perjuicio de los otros. Los que no saben gobernar, atacan.

Como la mentira de España nos roba ya no es creíble ni para los iluminados que se inventaron semejante falacia, la nueva consigna de los totalitarios es: Madrid, paraíso fiscal. Otro embuste, puesto se trata de una de las comunidades que más aporta a la hacienda pública y que potencia la solidaridad interterritorial. Una región que crece y prospera con una política de contención fiscal; que engorda sus arcas públicas con estas medidas; que no expolia a sus ciudadanos ni hace de estas tierras un infierno confiscatorio. Lo lógico sería que las autoridades tratasen de implantar este sistema que funciona en otros territorios de la Nación. Aunque eso ocurriría si contásemos con cargos electos responsables, que no es el caso. Los que intentan chantajear al Estado poniendo a Madrid como excusa, se olvidan de los privilegios anacrónicos de País Vasco y Navarra.  Pero su intención no es luchar contra las desigualdades: tan solo buscan mantener prebendas para unos pocos mientras someten al resto a sus abusos.

¿Quedan en Madrid socialistas dispuestos a defender a los madrileños? Es la pregunta recurrente en las calles de la capital estos días. Socialistas decididos a proteger y preservar una ciudad, la suya, abierta, tolerante, acogedora, floreciente y libre. Ejemplo de modernidad contemporánea e icono de una sociedad cambiante; modelo de transformación de una provincia en capital mundial de referencia. Hogar del Banco de España, el Cervantes, el Círculo de Bellas Artes, el Metrópolis, la Gran Vía, el Prado, Cibeles, Neptuno, el templo de Debod, el Retiro, el Real o la Puerta de Alcalá. Anfitriona de Dumas, Víctor Hugo, Casanova, Ava Gardner, Grace Kelly o Frank Sinatra. Inspiración para Quevedo, Galdós, Hemingway o Saint-Exupéry. Musa de Velázquez, Goya, Antonio López, Sabina, Almodóvar o Garci. Impulsora de la Movida, epicentro del arte mundial, promotora del Orgullo y satisfecha de lo más valioso de sí misma: su gente.

Mientras las minorías nocivas están crecidas con Pedro Sánchez -débil para dirigir las riendas del Estado, marioneta para el chantaje independentista-, los ciudadanos asisten atónitos a la vergonzosa subordinación del Gobierno ante una facción dañina e insolidaria. El presidente del Gobierno consiente que golpistas y sucesores de Batasuna ataquen a los madrileños e insulten al resto de españoles. Es el único responsable de convertir al PSOE en una caricatura del partido socialdemócrata, respetable, decente y con sentido de estado que antaño fue. Quizá su aplomo radique en que sabe que el electorado es desmemoriado y manipulable: los votantes atienden al último relato que le vendan. Y en semejante cometido, la narrativa, la maquinaria gubernamental posee una maestría irreprochable.

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