El paraíso terrenal es colombiano: Cartagena de Indias

26/09/2011

Carmela Díaz.

Cartagena es una de las ciudades más románticas del mundo: callejear en buena compañía entre sus coloridas casas coloniales al atardecer es una experiencia celestial.

Acariciada por las turquesas aguas del Mar Caribe, coronada por cúpulas y campanarios, amenizada por música callejera, rodeada de murallas frente a islas tropicales y arrecifes de coral, ambientada por decenas de cafés y coquetos restaurantes o bendecida por la inmensa hospitalidad de sus gentes, Cartagena se convierte en destino preferente de los viajeros más exigentes. Es improbable encontrar en otro lugar del mundo -y en perfecta armonía a pesar de tal cantidad de contrastes- el encanto de la historia, la gastronomía, la arquitectura monumental, la fauna y flora tropical, las tiendas de lujo o las playas paradisíacas de arena blanca en un mismo destino.

Para alojarse nada mejor que una joya del siglo XVII, elegante, con estilo, el hotel Santa Clara -construido inicialmente como convento-, que cuenta con una piscina enclavada en un entorno de máxima belleza, con un restaurante, “El Claustro”, que conjuga la luz de las velas con una excelente gastronomía rodeado de las bóvedas de antaño, o con un bar de cócteles, “El Refectorio”, punto de encuentro de la gente más guapa al caer la tarde. El cercano hotel Santa Teresa también es muy recomendable: su piscina en la azotea regala las mejores panorámicas de los tejados y las torres de Cartagena, y su desayuno, servido en el jardín central, es inigualable.

Para la primera copa o para disfrutar de una impresionante puesta de sol nada mejor que el Café del Mar. A sólo un par de minutos de la concurrida Plaza de Santo Domingo -centro neurálgico de la ciudad- y situado entre las murallas, el Café del Mar ofrece unas espectaculares vistas de casi 360º del centro histórico con la inmensidad del Mar Caribe como fondo. Los atardeceres y las noches de luna llena en este enclave con un cóctel o copa de champagne en mano, son impagables.

Cartagena cuenta con una oferta culinaria amplísima que abarca todo tipo de cocina internacional, pero no se pueden perder “El Quebracho”, con música en vivo, colorida decoración, exquisita carne argentina y gran carta de vinos, “La Plaza de Macondo” en el barrio de Getsemaní, el más tradicional y típicamente colombiano, o “La Vitrola”, donde no es extraño compartir espacio con alguna celebridad.

A una hora en barco de Cartagena se encuentran las Islas del Rosario culpables de un inevitable contratiempo: en cuanto las pisen no querrán regresar a la civilización. El tiempo se detiene al sentirse inmersos en playas de postal, rodeadas de vegetación selvática, manglares, lagunas interiores o arrecifes de coral. Y aún hay más: es probable que no compartan isla con más de diez personas; disfrutará de aguas cristalinas para usted solo y quien guste como acompañante. Algunas de las Islas del Rosario son privadas, pero otras cuentan con posibilidad de alojamiento. Si les atrae el mar turquesa, nadar entre peces de colores, comer marisco recién pescado, degustar frutos del mar acompañados de arroz cocido con leche de coco, colgarse collares de semillas entrelazados por los nativos, disfrutar de la fusión del sol con el horizonte sobre una hamaca saboreando un zumo natural recién exprimido, admirar los cielos estrellados, sentir el silencio, dormir en cabañas de madera decoradas con máximo lujo entre vegetación autóctona, pernocten en estas islas. Casi todos las visitan por el día pero si se quedan durante la noche la isla será suya. Elijan la Isla Pirata -auténtica, alejada de un resort turístico- o Majagua, el lujo enmarcado en la sencillez, sólo 17 suites inmersas en plena naturaleza.

Si disponen de más días para explorar los alrededores de Cartagena de Indias y empaparse de Colombia, viajen a la Isla de Providencia -reconocida por el viajero americano, casi desconocida por el europeo- donde se deleitarán entre playas vírgenes carentes de construcciones y hasta de personas; se trata de un enclave en el que se habla idioma criollo y uno se aloja en posadas o en casas de huéspedes: es una isla poco explotada, digna de descubrir. Y si el cuerpo les pide más ambiente, más fiesta, bullicio y baile, a un par de horas de Cartagena, piérdanse en otra joya caribeña, Santa Marta.

Twitter: @CarmelaDf

¿Te ha parecido interesante?

(+15 puntos, 17 votos)

Cargando…