
«El trabajo en la mente y la gente en el corazón«. El lema acuñado por Francesc Moragas al fundar en 1904 la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros (de la que fue su primer director general), sirve a Jordi Gual para despedirse como presidente de la entidad en la junta general extraordinaria de accionistas que aprobó abrumadoramente (99,7%, cinco puntos más que en la junta de Bankia) la integración de Bankia.
También para homenajear a su antecesor y actual presidente de la Fundación La Caixa, Isidre Fainé, artífice entre bambalinas de la fusión, y a quienes le precedieron en el cargo. Y para pedir a quienes vayan a ocupar la presidencia de CaixaBank en el futuro que ese lema continúe guiando a la entidad.
Jordi Gual se va con la satisfacción de la labor cumplida. Durante su mandato de cuatro años la entidad ha logrado una rentabilidad por encima de la media del sector en Europa, se han conseguido «mejoras en gobierno corporativo», reduciendo el consejo de administración de 18 a 15 miembros e incrementando la presencia de mujeres, entre otras.
En su intervención en la junta, Jordi Gual explica que la absorción de Bankia busca anticiparse a «una nueva ola de reestructuración» del sector. Los bancos se encuentran bajo «una enorme presión» por el contexto de tipos bajos, la creciente digitalización de los servicios financieros y nuevos requisitos regulatorios que han provocado un incremento de los costes. «Lejos de disiparse con el tiempo, estas presiones han ido ganando en intensidad y es preciso hacerles frente con cambios estructurales de calado», argumenta.
Bankia «es el mejor socio posible» tanto por su base de cliente, necesaria para desarrollar nuevos modelos de negocio, como porque también tiene raíces en las cajas de ahorro, por lo que augura una «integración armónica» por los valores y orígenes compartidos por ambas entidades. Además, permitirá «seguir equilibrando la presencia de CaixaBank en todo el territorio español».
Pero sobre todo la operación permitirá «aportar valor» a los accionistas de los dos bancos, al crear una entidad «más sólida, más eficiente y más rentable» y que se convertirá en la mayor del mercado nacional.
1.000 millones anuales en sinergias
Por su parte, el consejero delegado de CaixaBank, Gonzálo Gortázar, resalta que esta operación es «una gran oportunidad de crear valor para todos los grupos de interés incluyendo, por supuesto, a los accionistas; los de CaixaBank y también los de Bankia».
La fusión permitirá obtener sinergias superiores a los 1.000 millones€ anuales: 290 millones en mayores ingresos y 770 millones en ahorro de costes. En el año 2022 la rentabilidad (RoTE) pueda mejorar entre 1 y 2 puntos a la que tenían las dos entidades en solitario, lo que supone un 8%. Y el beneficio por acción será un 28% superior.
Nuevo consejo
Más de 15.400 accionistas, entre presentes y representados, han participado en la junta, con lo que se ha alcanzado el 70,3% del capital. Además de aprobar, con abrumadora mayoría, la fusión, se ha ratificado la propuesta del nuevo consejo de administración.
Se incorporan al consejo de CaixaBank José Ignacio Goirigolzarri (futuro presidente), Joaquín Ayuso, Francisco Javier Campo, Eva Castillo y Fernando Maria Costa, prrocedentes de Bankia; Teresa Santero, en representación del Frob, segundo mayor accionsta tras la Fundación La Caixa (a través de Criteria).
Y siguen Gonzalo Gortázar (consejero delegado), Tomás Muniesa (vicepresidente), José Serna, María Verónica Fisas, Cristina Garmendia, María Amparo Moraleda, Eduardo Javier Sanchiz, John Shepard Reed y Koro Usarraga.
Preocupación por el empleo
Ruth Bolaños, trabajadora de CaixaBank, ha intervenido en nombre de un grupo de accionistas, trabajadores de la entidad, familiares y clientes, por iniciativa de CCOO. Reclama al consejo «ser valientes, romper moldes, y manifestar a la plantilla y a la sociedad que van a trabajar dando garantías de empleo, garantías en las condiciones laborales y compromiso social, porque, detrás de los números, hay personas, familias y proyectos de vida».
Catalina Llibre, de UGT, avisa que la destrucción de puestos de trabajo incide directamente en la capacidad de gestión de la clientela, su adecuada atención y asesoramiento y, en definitiva, supone una merma de la capacidad de crear negocio, puesto que muchos menos trabajadores tienen que gestionar muchos más clientes y volumen de negocio. Esto comporta un incremento de los actuales niveles de sobrecarga de trabajo, el alargamiento de jornada y unos menores niveles de satisfacción y motivación de la plantilla.
Pide que la inclusión financiera, que ha sido siempre un valor muy apreciado por la clientela y la sociedad y «lema y bandera de CaixaBank desde sus inicios», se refuerce: «No queremos abandonar el camino de los valores sociales de la entidad, potenciando la inclusión financiera en todos sus aspectos, tanto en el mantenimiento de la capilaridad de la red de oficinas como la accesibilidad universal de los servicios financieros».
Francesc Sabater, de la Federació d’Estalvis de Catalunya, cree que con la fusión «culminará la descatalinización» de la entidad: «CaixaBank será más grande pero su alma más pequeña».
Un cliente, Eduardo Mestres, considera que es «un día triste» porque una entidad que en su momento se creó «para ayudar los pobres con el dinero de los ricos, a día de hoy es una entidad de explotación de pobres en beneficio de los ricos».
El presidente de CaixaBank, Jordi Gual, responde a estas intervenciones que «echa en falta un diagnóstico sereno» sobre lo que le está sucediendo a la la banca, un sector «con una presión enorme» porque los tipos van a «continuar en niveles bajísimos en los próximos 6 ó 7 años». En este contexto, «es inevitable un esfuerzo de contención de costes». Pero CaixaBank continuará en pequeños municipios e intentará «acompasar la digitalización».
El consejero delegado, Gonzalo Gortázar, garantizado que no abandonarán a los pequeños municipios: si en solitario CaixaBank tiene 3.900 oficinas repartidas en 2.000 municipio y en 190 de ellos son la única entidad, la fusión les permitirá llegar a 2.200 municipios y en 290 serán el único banco.
Gonzalo Gortázar se compromete a «dejarse la piel» para alcanzar acuerdos de reestructuración de la plantilla tras la fusión. «Si no hacemos cosas pondríamos en peligro la sostenibilidad de todos los puestos de trabajo.», argumenta. «Para ser fuertes, hay que ser eficientes, la fusión da la fuerza para ser sostenibles», insiste. No van a dejar «ni un resquicio» que imposibilite llegar a acuerdos con los representantes sindicales. Todos los trabajadores tendrán «las mismas oportunidades», procedan de la entidad que procedan, y que los criterios para determinar las salidas se basarán en la «meritocracia».
Responde a un accionista preocupado por la posibilidad de que el centro de decisión de CaixaBank se traslade a Madrid: «No sufra. Mantendré mi fantástico despacho en Barcelona. Pero también tendré uno en Madrid y mantendré el de Valencia».
El presidente de CaixaBank, Jordi Gual, también ha respondido a las inquietudes de algunos accionistas sobre la presencia del Frob: en la nueva entidad será proporcionalmente más baja de lo que correspondería por su peso en Bankia y, además, el Gobierno siempre ha mostrado su intención de salir de la entidad.
Tanto Gual como Gortázar aseguran que la entidad seguirá manteniendo su «compromiso social» con los territorios donde opera porque considera que es una de sus señas de identidad y que éstas no se perderán con la fusión.
El BCE mantiene sin cambios los requisitos de capital para 2021
El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener sin cambios los requisitos de capital de CaixaBank para el ejercicio 2021: 8,1% de ratio Common Equity Tier 1 (CET1); 4,5% de mínimo regulatorio de Pilar 1; 0,84% de requerimiento de Pilar 2; 2,5% en el colchón de conservación de capital; 0,25% del colchón Otra Entidad de Importancia Sistémica; y el colchón anticíclico en el 0,01%.
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