El crédito a empresas de hostelería se situó por encima de los 34.100 millones€ en junio de 2020, un 27% más respecto al mismo mes del año anterior, lo que representa un aumento de 7.242 millones. Solo en el primer semestre se han concedido 7.163 millones en nueva financiación.
Es, con diferencia, la mayor tasa de variación de crecimiento del crédito en todos los sectores de actividad, según un análisis elaborado por AIS Group, consultora especializada en soluciones a la gestión del riesgo de crédito, que advierte del incremento de la morosidad.
De acuerdo con el análisis de AIS Group, el 5,3% de la cartera de créditos a empresas hoteleras se calificaba como dudosa a junio de 2020, lo que supone1.808 millones€. El enorme crecimiento del crédito en este sector va a provocar un aumento notable de la morosidad, y «la ola de impagos llegará en unos meses», advierten en la consultora.
Las empresas del sector hostelero han sido unas de las más afectadas por las medidas anti COVID. Están sufriendo parones de actividad y limitaciones de aforo que han puesto en peligro la continuidad de muchas de ellas. “Es por ello por lo que la hostelería ha recurrido masivamente al crédito”, explica José Manuel Aguirre, director comercial de AIS Group.
La hostelería representa el 6% del total de la cartera de créditos concedidos a actividades productivas, que se sitúa en 584.060 millones€, y, dentro del sector servicios, supone el 8%.
Tres estrategias
Para evitar que esa ola se convierta en un tsunami que arrase con las carteras de empresas de las entidades financieras, AIS Group recomienda tres estrategias:
1.- Tecnología. La primera se basa en la simulación de escenarios, donde las técnicas de Inteligencia Artificial, como el machine learning, facilitan la construcción de modelos con un elevado poder predictivo, capaces de visualizar qué sucedería con cada una de las carteras en distintas situaciones macroeconómicas.
“Disponer de estas herramientas de simulación ayudan a realizar el cálculo de las provisiones o reservas, ya que permiten anticipar, por ejemplo, cuánto va a afectar al capital de una entidad cada punto de variación del PIB”, indica Aguirre, que destaca la importancia de trabajar con escenarios para poder definir estrategias y estar preparados para las contingencias futuras. “Trabajar con escenarios simulados -añade- permite tomar decisiones no únicamente para las operaciones concedidas, sino también para definir políticas de concesión de nuevos créditos”.
2. Sistemas de alertas: junto a la inteligencia artificial permiten detectar situaciones de riesgo de impago mucho antes de que se produzcan, dando a la entidad tiempo de reacción para tomar medidas que permitan mitigar o revertir la situación en el mayor número de casos posible.
3.-Scoring de cobro. Finalmente, hay que estar preparado para todas las operaciones que acaben impago, que serán muchas. “Para optimizar la gestión de las cobranzas es imprescindible equilibrar lo que se puede recuperar y el coste que supone», señala Aguirre. Esto supone actuar dejándose guiar por el costo de las acciones a llevar a cabo lo que exige disponer de una buena herramienta de gestión que incorpore una inteligencia de negocio que permita tomar decisiones óptimas basadas en los datos disponibles. “Esta inteligencia responde a cuestiones como quién será el próximo que caerá en mora, qué acción preventiva podemos implementar, a quién le cobramos primero, qué acción será la más indicada en cada caso y su costo, cómo externalizamos…”, señala el director comercial de AIS Group.
Esto se traduce en la posibilidad de implementar scorings de cobranzas, capaces de determinar en qué perfiles se tiene mayor o menor probabilidad de recuperar, y qué acciones son las más adecuadas en cada caso, cuantificando la estrategia en términos de ROI y permitiendo simular las distintas alternativas posibles. Además de modelos de refinanciación que identifican qué clientes presentan una mayor probabilidad de salida de una situación negativa frente a una propuesta de renegociación de la deuda, y qué condiciones son las más adecuadas a cada caso.
“Los datos de la cartera de créditos a empresas sumados a otros indicadores macroeconómicos deben servirnos como faro para vislumbrar el escenario al que nos aproximamos”, comenta Aguirre. Mientras la morosidad llega, las entidades deben organizarse: formando a su equipo, optimizando y digitalizando procesos, automatizando sistemas y preparándose para tomar decisiones inteligentes basadas en datos, que permitan una gestión de la recuperación más eficiente.
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