A diferencia de otros países, la tasa de inflación de referencia en Japón es la subyacente, que excluye de su cálculo el impacto de los precios de los alimentos frescos.
Si se descuenta el impacto de los precios energéticos durante el periodo además del de los alimentos frecos, la deflación registrada fue del 0,3%, frente a la caída de precios del 0,2% del mes precedente.
En comparación con noviembre de 2019, los alimentos se depreciaron un 0,2%, frente al incremento de precios del 1,1% observado en octubre, al tiempo que los precios energéticos se contrajeron un 7,6%, casi dos puntos más que en el mes anterior.
Las mayores subidas de precios interanuales durante el penúltimo mes del año correspondieron a los muebles y utensilios del hogar, que se encarecieron un 1,8%, mientras que la ropa y el calzado se apreciaron un 0,4%. Por el contrario, las caídas más abultadas se observaron en la cultura y el ocio (-3,8%), los servicios educativos (-2,2%) y los servicios de transporte y comunicación (-1,1%).
Además de por el efecto en el consumo generado por la pandemia, el descenso de precios se atribuye también a la subida del IVA aprobada por el Gobierno en octubre del año pasado para abordar el creciente coste de las pensiones y la sanidad derivado del envejecimiento de la población y que había sido aplazada en dos ocasiones por el Gobierno de Shinzo Abe respecto de la fecha inicialmente prevista de octubre de 2015. Esto se debió al temor de que la subida del impuesto al consumo arrastrase a la recesión a la economía nipona, tal como sucedió tras la subida de la tasa al 8% desde el 5% en 2014, así como tras el alza de 1997, cuando se elevó desde el 3% al 5%.
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