UGT y CCOO reunirán a sus cúpulas directivas mañana martes. Previsiblemente darán luz verde a la nueva prórroga de los ERTE. Pero su misión principal es otra. Su objetivo prioritario es recordar al Gobierno sus promesas de retirar las reformas laborales y de pensiones del PP. Y a CEOE otra promesa, la de que en 2020 nadie tendría un salario por debajo de los mil euros.
UGT y CCOO han incluido a CEOE en la diana de las protestas cuyo calendario desvelarán este martes los mandamases de ambos sindicatos. No es el destinario principal; el Gobierno, en realidad, a quien acusan de dilatar excesivamente la agenda social que llevó al poder a la coalición Sánchez-Iglesias. Y de dar a CEOE un poder de veto, por su negativa, atendida por el Gobierno, a subir el salario mínimo interprofesional.
La pandemia ha ocultado una de las ramas del diálogo social. Como es la negociación exclusiva entre patronos y obreros, donde no participa el Gobierno, y que se mantiene paralizada debido a la emergencia sanitaria.
El máximo exponente de esta negociación se plasma cada tres o cuatro años, últimamente, en un gran acuerdo marco sobre salarios. El último, el llamado AENC 2018-2020 caducó el pasado año. Y nadie se ha sentado aún a negociar su prórroga.
A pesar del recordatorio, que este martes concretarán las cúpulas sindicales, no está claro si a los sindicatos les interesa negociar una renovación de los acuerdos salariales en el contexto actual, con más 750.000 trabajadores cobrando del Estado vía ERTE; y cuando la recuperación de extensas zonas y sectores del país —especialmente el turismo— se antoja aún lejana.
De hecho, el Gobierno espera anunciar en las próximas horas una nueva prórroga de estos expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que llegaron a acoger a casi 3,5 millones de trabajadores en la cima de la crisis sanitaria; y cuya prolongación da por hecha el Ejecutivo, a la espera de que patronales y uno de los dos sindicatos den luz verde al acuerdo en las próximas horas.
Los salarios ganan poder de compra
La emergencia sanitaria ha contribuido a decelerar los salarios. Tanto en las grandes empresas, donde ayer se conoció el dato de la última subida, en noviembre, un 1,3%. Como en el conjunto de la negociación colectiva, con incrementos cercanos al 1,9% al cierre del año; no muy lejos del de 2019.
Sin embargo, estos datos esconden realidades distintas. En el primer caso, la estadística de la Agencia Tributaria destaca que ha habido “bruscos cambios” en la composición del empleo, motivados por la pandemia, y que han afectado precisamente a quienes menos ganan. O ganaban.
Por lo que hace a los convenios, la mayor parte de los datos pertenecen a revisiones de convenios pactados en ejercicios anteriores, antes de la emergencia sanitaria, lo que infla la subida salarial media. En realidad, en los nuevos convenios la subida salarial pactada se limita al 1,56%, tal y como apuntan los datos del ministerio de Trabajo.
Lo cual no está nada mal, teniendo en cuenta que, en las grandes empresas, las ventas cayeron en noviembre un 3,5%; y que la cesta de la compra cerró el año con una bajada del 0,5%; un IPC negativo que, sumando el alza salarial media, indica que los trabajadores han cerrado 2020 con una ganancia de poder adquisitivo cercana al 2,4% de media.
Factores que los sindicatos tendrán muy en cuenta cuando, mañana, concreten las protestas dirigidas a presionar, por un lado, al Gobierno para que descongele el salario mínimo, derogue las reformas laboral y de pensiones, regule la presencia de falsos autónomos en plataformas de reparto como Glovo o Deliveroo y acelere la ley de igualdad salarial y un plan contra los accidentes en el trabajo.
Además, a los empresarios, las protestas de febrero les recordarán que el pacto salarial, aquel que prometió en su último año de vigencia —este, de la pandemia— un salario mínimo de mil euros, está caducado.
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