
Joe Biden se postuló a la presidencia con uno de los programas más progresistas que EEUU ha visto, con la preocupación climática como uno de sus ejes, en contraposición con su antecesor, el negacionista Donald Trump.
Biden ya ha firmado la orden ejecutiva para volver al Acuerdo de Paris sobre cambio climático. Desplegará órdenes ejecutivas los primeros cien días para impulsar su ambiciosa agenda climática, agregará energía limpia al paquete de estímulo económico pandémico y promulgará leyes que requieren que las empresas públicas divulguen riesgos financieros relacionados con el cambio climático y emisiones de gases de efecto invernadero. Más allá del cambio climático, la nueva administración abordará otras cuestiones ambientales apremiantes, como contaminación del aire, agua y plásticos, a pesar de que los demócratas se enfrentan a una estrecha mayoría en el Congreso.
«Su victoria conllevará un cambio radical en la postura del país con respecto al cambio climático. Pero el estrecho margen con el que ha vencido planteará desafíos para llevar a cabo los proyectos más ambiciosos de su programa», precisa Catherine Macaulay, analista de inversiones sostenibles de Schroders. «Biden contará con un entorno legislativo favorable, pero es probable que tenga que moderar los elementos más ambiciosos de su programa», insiste.
No obstante, «el amplio respaldo social de los estadounidenses en la lucha climática dejará cierto margen para el consenso bipartidista», considera esta experta. «Un enfoque más bipartidista también puede ser atractivo para el nuevo presidente en su intento de unir a un país dividido».
El plan climático propuesto por Biden, de 2 billones$, «puede terminar acercándose a la mitad de esa cantidad», pero «esperamos que el enfoque se mantenga en las soluciones verdes, incluyendo energía renovable, transporte alternativo, bienes inmobiliarios sostenibles y tecnología limpia».
Pero la reincorporación de EE.UU. al Acuerdo de París es «el paso más importante y simbólico sobre el cambio climático». «Este acto por sí solo supone una poderosa señal del creciente consenso mundial para la descarbonización», resalta Catherine Macaulay.
«A nivel más práctico, hay una serie de medidas que Biden puede implementar en los sectores energético, del petróleo y gas y automovilístico a través de la autoridad ejecutiva. Como presidente, tendrá poder para revertir una serie de recortes llevados a cabo bajo la Administración de Trump», explica esta experta.
Estas medidas incluyen regulaciones más estrictas sobre las emisiones, particularmente en el metano y en el sector de petróleo y gas, y sobre la limitación de las del sector energético. También es probable que se endurezca la normativa en cuanto a eficiencia de los combustibles en el sector automovilístico.
Biden también tendrá cierta libertad para orientar las licitaciones federales a fines limpios, para suspender el arrendamiento (leasing) de petróleo y gas en tierras federales y para aumentar la carga regulatoria de los arrendamientos existentes.
«Como presidente, Biden puede influir en las prioridades de las agencias federales, como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC). Sus nombramientos hasta ahora representan una respuesta concertada de todo el Gobierno al cambio climático; los candidatos con experiencia y ambición climática significativa están listos para entrar en casi todas las agencias federales», detalla la especialista de Schroders.
«Entre ellos se encuentra Janet Yellen, defensora de la acción climática desde hace mucho tiempo y partidaria de la fijación de precios del carbono, y su nombramiento como secretaria del Tesoro. Junto con la reciente decisión de la Reserva Federal de unirse a la Red para un Sistema Financiero más Ecológico (NGFS por sus siglas en inglés), Yellen tendría un sólido mandato para incorporar el riesgo climático en las responsabilidades de supervisión básicas de los reguladores financieros», añade.
Las políticas de los Estados han sido un motor clave de la acción climática en EEUU en ausencia de una ambición federal, con capacidad para establecer objetivos de reducción de los gases de efecto invernadero y de las energías renovables. En respuesta a la retirada de Trump del Acuerdo de París, 24 estados (más Puerto Rico) se unieron para formar la Alianza del Clima de EE.UU. y han establecido ambiciosos objetivos de reducción de emisiones y para la electricidad limpia.
Otras iniciativas incluyen la Iniciativa Regional de Gases de Efecto Invernadero y la Iniciativa de Transporte y Clima. «Esperamos que este liderazgo estatal continúe y se fortalezca bajo la presidencia de Biden. Tiene la capacidad de conceder a los Estados una independencia aún mayor, por ejemplo, mediante la concesión de exenciones para que pongan en marcha programas de vehículos de emisiones cero (ZEV por sus siglas en inglés), como en California», destaca esta experta.
Dos billones en inversiones verdes
Stephen Freedman, especialista de inversión temática de Pictet AM, destaca que «la elección de Biden como presidente de EEUU se produce en un momento en que muchas tecnologías de energía renovable están logrando economías de escala, siendo competitivas en costes con los combustibles fósiles». La eólica y solar ya son más baratas en países que representan el 73% del PIB mundial. Además los vehículos eléctricos de pasajeros pueden alcanzar la paridad de precios con sus comparables de combustión interna en menos de cinco años.
«Biden puede colocar a la economía más grande del mundo en el centro de los esfuerzos internacionales por limitar el calentamiento global, con dos billones$ en inversiones verdes, pilares de una estrategia para hacer la economía estadounidense neutral en emisiones de carbono para 2050. Es un cambio de dirección en un momento crítico para la diplomacia climática mundial. Efectivamente, la alineación de EEUU, impulsado por su conocimiento y peso financiero, con la política de cambio climático de otras economías, proporcionará un empujón masivo, catalizador de miles de millones en inversiones privadas y públicas en infraestructura verde, tecnología ambiental y energías limpias, en lo que seguramente sea una nueva carrera global que podría convertirse en pilar clave de la economía del siglo XXI», argumenta.
El experto de Pictet recuerda que «bajo Trump se desmantelaron casi cien leyes ambientales sobre aire limpio, calidad del agua y uso de la tierra y se relajó la regulación sobre combustibles fósiles, con menores fondos para investigación climática».
«Los planes de Biden pueden restaurar las credenciales ambientales de EEUU. Se ha comprometido a descarbonizar la generación de electricidad para 2035 mediante la transición a energías renovables, duplicar paneles solares para alcanzar 500 millones de unidades los próximos cinco años, medidas para eliminar gradualmente vehículos basados en combustible en favor de los eléctricos y mejora de la eficiencia energética en seis millones de edificios -la Agencia Internacional de la Energía estima que el sector representa más de un tercio del consumo final de energía y emisiones de carbono mundial-. La industria de energías limpias ya emplea a tres millones de estadounidenses y los planes de Biden prevén añadir diez millones, muy necesario en una economía postpandémica. Además, los Estados más progresistas como California seguirán con su agresiva agenda ambiental, poniendo fin a cuatro años de batallas legales con el gobierno federal y por la contaminación», añade.
Repercusiones globales
«Las repercusiones globales serán igualmente transformadoras. La Agencia Internacional de Energías Renovables estima que las inversiones anuales en energías renovables deben triplicarse hasta 800.000 millones de dólares para 2050 para cumplir los objetivos de descarbonización y clima. En los últimos meses China, Japón y Corea han anunciado objetivos ambiciosos de cero emisiones netas de carbono y la UE reservado siete billones de euros para descarbonizar su economía, lo que atestigua el éxito del Acuerdo de París, que obliga a los signatarios a compromisos de reducción a lo largo del tiempo. Por su parte EEUU es el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo y la promesa de Biden puede reducirlos en 75 giga toneladas los próximos treinta años, suficiente para limitar la temperatura media del mundo en 0,1ºC, según Climate Action Tracker», opina Stephen Freedman.
«China, apenas un mes después de anunciar objetivos netos cero, ha dado a conocer una hoja de ruta para eliminar gradualmente los vehículos convencionales que queman hidrocarburos en 2035. Ya es líder mundial en vehículos eléctricos y tiene intención de invertir en su propia cadena de suministro, reduciendo dependencia del exterior. Biden, por su parte, ambiciona superar a China en vehículos eléctricos mediante un aumento de gasto federal en 400.000 millones de dólares para componentes clave como baterías«, añade.
La subida del salario mínimo y el seguro médico público, más improbables
La propuesta de Biden sobre el salario mínimo federal (aumentarlo de 7,25 dólares la hora a 15 dólares) «parece poco probable que cuente con el apoyo suficiente, a menos que se rebaje sustancialmente, aunque podría lograr algún progreso en materia de seguridad social», vaticina la analista de inversiones sostenibles de Schroders.
«En cuanto a la atención sanitaria, las propuestas para limitar el aumento de los precios de los medicamentos no deberían causar gran controversia, mientras que la opción de un seguro médico público sería mucho más difícil de aprobar. También podríamos asistir a un debate sobre una mayor regulación para las grandes tecnológicas en términos de responsabilidad de contenido y privacidad de datos», añade.
Euler Hermes: ¿100 días para salvar América?
La aseguradora Euler Hermes celebra la llegada de Biden a la Casa Blanca con un informe que tiene un título muy expresivo: «¿Cien días para salvar América?». Recuerda que Boden asume el cargo con la promesa de un paquete de estímulos de 1,9 billones$ y un plan para distribuir 100 millones de dosis de vacunas en sus primeros 100 días
Este último objetivo es en gran medida alcanzable siguiendo el ritmo de distribución de vacunas observado: tasa de vacunación de alrededor de 1 millón por día (0,3% por día). «El camino hacia la inmunidad de grupo para final del segundo trimestre/principio del tercer trimestre está, por lo tanto, muy avanzado en los EE. UU. La parte más vulnerable de la población (mayores de 65 años y enfermos crónicos, alrededor del 20% del total) debería haber alcanzado ya la inmunidad al final del Q1 a este ritmo, lo que permitiría cierta relajación de las restricciones», opinan los expertos de Euler Hermes.
Éstos avisan, no obstante, que «el virus sigue extendiéndose con suma rapidez» y que «el sistema de atención de salud está sometido a un gran estrés», lo que demuestra que la continuidad de la actual campaña de vacunación no será suficiente para contener el coste económico y humano de la crisis sanitaria en EEUU.
«Es probable que el Presidente Biden consiga el apoyo suficiente para gran parte del plan, incluyendo cheques de estímulo de 1.400 dólares, pero tendría que comprometer el alcance del apoyo local y estatal», señala el informe de Euler Hermes. Ese plan por valor de 1,9 billones$ busca un apoyo directo a las personas y las familias mediante controles de estímulo y un mejor seguro de desempleo; gastos suplementarios en atención médica para luchar contra el virus; apoyo financiero local y estatal y créditos fiscales. Biden ha confirmado que este plan no se financiaría mediante la subida de impuestos.
Durante su campaña, Biden había prometido un aumento de 6,4 billones$ en el gasto bruto total, principalmente en infraestructura, salud y educación, financiado en parte por 3,7 billones en ingresos fiscales adicionales, con lo que su plan de estímulo neto de 10 años alcanzó los 2,7 billones.
Los expertos de Euler Hermes esperan que sólo el 60% del Plan de Rescate Americano se desarrolle realmente. En consecuencia, la deuda y el déficit público como porcentaje del PIB deberían aumentar notablemente, a pesar de la vuelta a un potencial de crecimiento real similar a largo plazo. En 2030, la deuda pública de los Estados Unidos podría alcanzar el 166% del PIB, avisan.
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