Fedea aboga por cambios en la pensión de viudedad de los más jóvenes

27/01/2021

Luis Martínez del Amo. Un documento analiza la evolución del sistema español y las reformas aplicadas en Alemania, Francia o Suecia.

La pensión de viudedad cumple una función básica hoy día. Disminuye la brecha de género y evita la pobreza a mujeres que, debido a su dedicación a los cuidados, no cotizaron lo suficiente como para generar su propia prestación por jubilación. Sin embargo, el sistema va quedando obsoleto. Y ya no responde al más igualitario mercado de trabajo actual. Lo aconsejable por tanto, según un trabajo publicado hoy por Fedea, la fundación de economía aplicada, es acondicionar esta prestación a los nuevos tiempos. Y reducir el gasto, que en España alcanza la mayor proporción del mundo desarrollado en proporción al PIB.

Así lo advierte un documento publicado hoy por Luisa Fuster, economista de la Universidad Carlos III de Madrid, que analiza la evolución de las pensiones de viudedad y los cambios aplicados por otros países para adaptar esta prestación a los nuevos desafíos del mercado de trabajo.

La autora advierte que las pensiones de viudedad juegan actualmente un papel fundamental a la hora de evitar la pobreza durante la vejez de un gran número de mujeres. Sin embargo, advierte que, debido a la mayor incorporación de la mujer al mercado de trabajo, las desigualdades disminuirán en el futuro, y que es aconsejable ir pensado en la reforma de esta prestación.

El informe se retrotrae el momento en que se instauró la pensión de jubilación, cuando el hombre era el principal proveedor de renta y las mujeres se dedicaban en buena medida al cuidado de los hijos.

Un modelo que ha provocado que, una vez llegado el momento de la jubilación, la pensión de viudedad sea la única pensión para el 40% de las mujeres pensionistas actuales. Y que solo la mitad del total de mujeres cobren una pensión de jubilación; mientras que el 82% de los hombres reciben una, con datos de 2017.

De resultas la brecha de género entre hombres y mujeres en cuanto a la cuantía de sus pensiones se extiende al 30%; es decir, las mujeres, contando todas las pensiones, cobran de media un 30% menos que los hombres.

Esta situación está cambiando. En todos los sentidos. Si se analizan varios rangos de edad a partir de los 65 años, se observan ya importantes diferencias. Un 82% de las mujeres entre 65 y 69 años cobran pensión de jubilación; parecido a los hombres. En cambio, tan solo un 39% de las mujeres mayores de 85 tienen este derecho adquirido.

Además la brecha de género también se reduce en las generaciones más jóvenes de pensionistas. En la primera franja, entre 65 y 69 años, la brecha apenas alcanza el 23%; diferencia que se amplía al 42% entre quienes tienen 75 años o más.

Cada vez más mujeres tienen derecho a pensiones de jubilación. Y las diferencias son mucho menores en las generaciones más jóvenes, si observamos las bases de cotización de los jóvenes de 25 a 30 años. Aunque persisten diferencias en función del nivel de cualificación del trabajo, advierte.

Principales reformas en otros países

En el futuro las diferencias tenderán a desaparecer. Por lo que la autora del informe recomienda ir pensando en reformas que puedan adecuar esta renta a una sociedad muy distinta a la que vio nacer este derecho.

Así lo han hecho otros países de la Unión, según repasa el documento, como Alemania, Francia o Bélgica, principalmente recortando este derecho a los más ricos, y limitando el período de percepción de la renta.

A diferencia de otros países, España ha visto crecer su gasto en pensiones de viudedad desde los años 90. El incremento de la esperanza de vida, y la ampliación de la cobertura, por ejemplo a las parejas de hecho, así como la ausencia de reformas, explican este aumento que ha situado a España como el país con mayor gasto en pensiones de viudedad con respecto al PIB, un 2,3%, señala el informe.

Entre tanto, Alemania, Francia y Bélgica reformaron sus pensiones de viudedad durante los años 1990 y 2000. Alemania, por ejemplo, elevó el requisito de renta para poder optar a una pensión. Al igual que Francia, que, además, junto con Bélgica, aumentó la edad a la cual el superviviente tiene derecho a la renta.

Otro país, Noruega, redujo la cuantía de la pensión de viudedad a los menores de 55 años que no trabajan.

Pérdida de su carácter vitalicio

El documento repasa los cambios introducidos en Alemania mediante el llamado pension splitting, un sustituto de la pensión de viudedad, por el cual los dos cónyuges aceptan igualar al 50% los derechos acumulados de pensión entre ambos, a cambio de renunciar a la de viudedad. Un sistema que presenta como principales ventajas no tener que renunciar a la pensión en caso de nuevo matrimonio y carecer de un tope máximo, como la de viudedad.

Otros países, como Suecia, han eliminado, al menos parcialmente, el carácter vitalicio de la prestación por viudedad, y limitan a doce meses su cobro, aunque solo en la parte procedente de uno de los pilares de su sistema, compuesto por cuentas nocionales (se mantiene, en cambio, como renta vitalicia en los planes de empleo).

“Es necesario iniciar una reflexión sobre el papel de la pensión de viudedad”, concluye Luisa Fuster. “Este seguro público cumple una función social útil, aunque también podría diseñarse de formas alternativas”. “Algunos países de nuestro entorno han comenzado a introducir reformas en algunos de sus elementos y nosotros deberíamos seguramente comenzar a pensar en ello”, concluye.

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