El análisis El Acuerdo de Comercio y Cooperación (ACC) entre el Reino Unido y la Unión Europea, elaborado por Alejandro Buesa, Iván Kataryniuk, Pilar
L’Hotellerie-Fallois y Susana Moreno, de la Dirección General de Economía y
Estadística del Banco de España, destaca que «supone una retracción del grado de apertura bilateral entre la UE y el Reino Unido —no solo en el ámbito comercial—, que es esperable que tenga un impacto económico adverso».
Pero matiza que «la cuantificación de este impacto se encuentra sujeta a una elevada incertidumbre». Según las estimaciones de la Office of Budget Responsibility (OBR), las disrupciones al comercio entre las dos áreas podrían restar alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento del Reino Unido en el primer trimestre de 2021. En el horizonte de 2022, el efecto negativo sobre el crecimiento económico podría cifrarse en unos 0,2 puntos para la Eurozona y en 1,5 puntos para el Reino Unido.
El impacto en la Eurozona esconde «una significativa heterogeneidad entre países» y será mayor en los que cuentan con una exposición más significativa a la economía del Reino Unido, tanto por sus lazos comerciales (vía importaciones y exportaciones de bienes y servicios) como financieros, reflejo del peso de la inversión extranjera directa (IED) bilateral.
«En el caso de la economía española, los vínculos comerciales son relativamente estrechos, sobre todo en los sectores turístico, agroalimentario y del automóvil, y la presencia de IED es particularmente importante en los sectores financiero y de telecomunicaciones», señala el análisis del Banco de España.
«Al eliminar los aranceles al comercio de bienes entre el Reino Unido y
la UE, entre otras medidas, el ACC reduce la incertidumbre sobre las relaciones comerciales futuras entre ambas áreas, que lleva incidiendo en sus decisiones económicas desde 2016», subrayan los expertos del Banco de España.
«No obstante, la presencia de barreras no arancelarias y la normativa sobre las reglas de origen podrían provocar que algunas actividades con un fuerte componente comercial dejen de ser rentables en su formato actual», avisan.
De forma similar, en el ámbito financiero, «la ausencia de decisiones de equivalencia
implica, entre otros aspectos, la imposibilidad de operar con activos denominados
en euros desde el Reino Unido, lo que requerirá la relocalización de servicios
financieros a plazas dentro de la UE».
«En el largo plazo, una eventual divergencia regulatoria entre la UE y el Reino Unido dificultaría el reconocimiento mutuo de actividades tanto comerciales como financieras, lo que redundaría en una menor integración entre ambas áreas», concluye el análisis del Banco de España.
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