La libre competencia es la clave de bóveda del sistema de economía de mercado. Lo habrán dicho así unos cuántos, pero no conviene atribuírselo a nadie, para que no haya discusiones. En España, la libre competencia deja mucho que desear. La razón más importante es la presencia de una economía irregular que, según unos y otros, se sitúa por encima del 20 por ciento del PIB. En el momento actual, no se descarta que alcance ya entre el 25 y el 30 por ciento, dado que una parte de la economía regular se ha ido al garete y la otra ha decidido sumergirse.
Propendemos a creer que la colusión en materia de competencia afecta solo a grandes corporaciones, a oligopolios de servicios públicos o a monopolios naturales o de facto, pero no es así. Lo cierto es que competir no suele gustarle a nadie y quien más, quien menos, busca resquicios para incumplir con este primer mandamiento en el ejercicio de la libertad de mercado. Muchos infractores se escudan en cínicas objeciones al sistema, a la deficiente regulación mercantil, agravada por el fraccionamiento del mercado nacional, con regulaciones contradictorias entre unas autonomías y otras.
Una de nuestras originalidades como país es que tenemos mejor sistema normativo de competencia que de mercado, cuando lo lógico es que con una buena regulación de los mercados, sería menos imprescindible vigilar la competencia. Pero, qué se la va a hacer. Somos así.
Viene esta introducción a cuento del documento emitido por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre la fusión de Caixabank y Bankia y que, vaya por delante, me parece excelente por su claridad meridiana para cualquier lector, que es lo mismo que decir, que cualquier titular de una cuenta bancaria que se pueda ver afectado por la integración de la tercera y la cuarta de las entidades financieras nacionales.
Las observaciones de la CNMC y la pormenorización de los espacios físicos en los que la entidad resultante queda como único ofertante de servicios financieros (que no monopolio, como dice el documento) tiene hoy soluciones técnológicas que cualquier competidor sagaz puede aprovechar.
Particularmente, de esta fusión, lo más preocupante para mi es la participación significativa del Estado en el capital de la entidad, que alcanzará en torno al 16 por ciento y que va a significar la presencia de consejeros nombrados por el Gobierno de turno, lo que me retrotrae a nefastas inferencias en algunas entidades, no solo las cajas de ahorros, sino también los bancos públicos que acabaron siendo privatizados, como no podía ser de otra manera.
Acaso la CNMC debiera haber dedicado una cita o un advertencia a esta circunstancia, que no es baladí hablando de competencia.
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