Les prometo que este es el último artículo contra la Ley Electoral española… hasta que se convoquen otras elecciones. Algunos saben que desde las elecciones del 15-J de 1977, regidas por un decreto ad hoc, un servidor no ha hecho uso de las urnas, lo que no me ahorra, en cada ocasión, un cúmulo de reproches que suele acabar con el anatema después no te quejes de lo que hagan los que salgan. ¡Qué se le va a hacer!
A mí no me ha provocado ninguna incomodidad no votar. Mi objeción es tan radical a las listas cerradas y bloqueadas, a la circunscripción provincial y a la Ley D´Hont, que no echo en falta, sino todo lo contrario, acercarme a las urnas en las que los votos vertidos pierden su significado profundo y democrático de una persona un voto, en cuanto se abren las cajas de metacrilato transparente.
Pero hay otras razones tan profundas como ésta para abstenerme o distraerme de la cita. Ideológicamente nada de la oferta me parece asumible. En eso no soy nada especial. A casi nadie le convence la oferta, por próxima que parezca, a sus postulados ideológicos. Se vota por simpatía, por aproximación o por rechazo, lo que me parece inexplicable.
Voto a… porque me cae bien. Voto a… porque lo que dice me suena bien, aunque él, ella o los dos me caen gordos. Voto a… para que no consigan el poder el otro o la otra, porque no les trago o porque sus ideas me dan repelús. Estas consideraciones son de un cinismo palmario y son alimentadas por la abominable Ley Electoral, en la que no se eligen personas, sino listas marmóreas.
Si nos acercamos al caso que tenemos entre manos, las listas de Madrid, nos encontramos dos autoritarismos, uno a la izquierda y otro a la derecha; dos intervencionismos de mayor o menor temperatura y dos conservadurismos de desigual intensidad, también decididamente intervencionistas. Si a este deslucido mostrador le añadimos la batidora final necesaria para formar gobierno, la desnaturalización del voto está servida.
Para ir concluyendo. No es mi propósito hacer proselitismo de la abstención, faltaría más. Cada uno debe hacer lo que le parece. A mí, lo que les parece a los otros en materia política me parece bien. Siempre.
PD.
Permítanme una posdata sobre un asunto del que me ocupé aquí hace unas semanas. El Tribunal Constitucional de Alemania ha dictado una resolución por la que, prudencialmente, admite la distribución de los fondos europeos del Plan Next Generations, con un razonamiento impecable, que no prefigura su decisión final sobre el asunto. Una buena noticia para los españoles de buena voluntad. Superado este escollo, lo de siempre, pónganse de acuerdo las organizaciones políticas españolas, por favor.
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