La cena de los idiotas

10/10/2011

diarioabierto.es.

Cuentan los profesionales del trading que en los vaivenes de las bolsas de agosto y septiembre han echado de menos a los gestores de carteras. Esta es una mala noticia para los traders pero, sin duda, es una magnífica novedad para los ahorradores.

En general los manuales serios de gestión de patrimonios coinciden en afirmar que, para la protección de la riqueza y la creación de valor a largo plazo, las buenas decisiones estratégicas son más importantes que las buenas decisiones tácticas. Las decisiones estratégicas están relacionadas con la mayor o menor exposición a los distintos tipos de riesgo y con la diversificación entre clases de activos. Las decisiones tácticas tienen que ver con la selección de valores con nombre y apellidos y con el momento de comprarlos o venderlos.

Al “extremismo táctico” en la gestión de inversiones lo llamamos trading. El trader es un especulador profesional a muy corto plazo: intenta ganar dinero comparando y vendiendo activos líquidos –al contado o derivados- en horas o minutos y casi nunca mantiene posiciones abiertas de un día para otro. Un buen trader es un profesional disciplinado, riguroso, con sofisticados medios técnicos de acceso al mercado y de toma de decisiones  y, además, con experiencia. Su objetivo es realizar muchas operaciones, perdiendo poco en las malas y maximizando su ganancia en las buenas. Esto, que puede sonar a obvio, no debe de ser nada fácil de realizar ya que los traders profesionales son escasos y están muy bien pagados.

Tradicionalmente el trading llevado a cabo por los gestores de patrimonio ha costado mucho dinero a los ahorradores: el mismo dinero que, por otra parte, han ganado los profesionales de la especulación. Para limitar estas prácticas muchos mandatos de gestión han incorporado límites a la rotación, han prohibido comprar un valor después de haberlo vendido o han establecido límites en la operativa con derivados. A pesar de ello –y probablemente debido a la atracción que el juego ejerce en el ser humano- los gestores caían recurrentemente en la trampa del especulador y aceptaban la invitación a una partida de la que saldrían sistemáticamente trasquilados.

Parece que por fin los gestores profesionales vamos aprendiendo de nuestros errores. La mejor manera que existe de preservar el patrimonio en momentos de volatilidad es no dejarse arrastrar por los cantos de sirena de la ludopatía. Afirmo con la rotundidad de la experiencia que “si nos quedamos fuera del mercado” vamos a ahorrar dinero a nuestros clientes. “No hacer nada” no tiene porque significar indecisión o ausencia de profesionalidad: puede ser el fruto de un análisis coherente y responsable.

Al parecer, una de las razones de la significativa caída de las operaciones de contado -en bolsa y bonos- y de derivados en mercados organizados –futuros fundamentalmente- durante los pasados meses de agosto y septiembre ha sido que los gestores de carteras se han mantenido prudentemente alejados del mercado. Sin un agente tan importante como los gestores el mercado ha quedado básicamente reducido a los especuladores y a las “máquinas” (programas informáticos que atacan el mercado) y generalmente, para ambos, la volatilidad es un aliado.

La experiencia en supervisar mandatos de gestión profesionales me dice que de cada cinco gestores sólo uno aporta valor táctico en un año (o, dicho de otra forma, sólo uno, este año, es un buen trader). Es decir, que la probabilidad que tenemos de seleccionar al gestor-trader es del 20% (1/5) en un año. Y la probabilidad de seleccionar al gestor-trader durante dos años seguidos es del 4% (1/5 x 1/5 = 1/25). Y al final de siete años es más fácil que te toque la lotería que encontrar un gestor-trader que nos aporte sistemáticamente valor táctico. Obviamente todas las posibilidades contrarias a éstas –y son muchas- restan valor. Es verdad que frente a toda regla hay excepciones y que seguro que existen buenos gestores que “la tocan” muy bien a corto plazo. Pero como lo habitual es lo contrario, pienso que es más inteligente y barato evitarlo que buscarles.

No tengo aún muy claro que la decisión de alejarse del trading por parte de los gestores profesionales haya sido voluntaria. Yo creo que ha sido una retirada obligada por el “performance” pasado: los responsables de las casas de gestión y los clientes finales no están dispuestos a financiar por más tiempo a los traders-amateur. También puedo afirmar que estas prácticas se restringen cada vez más en los nuevos mandatos de gestión para inversores institucionales.

Una vez que el gestor profesional ha dejado de ser la carnaza del trader profesional, a éste le queda aún una enorme fuente de proteínas: el trader aficionado, que siempre existirá, que se regenera generación tras generación y crisis tras crisis y que nunca reconocerá su papel de idiota en esta cena.

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