
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y las cuatro vicepresidentas en el Consejo de Ministros
El Defensor del Pueblo en funciones, Francisco Fernández-Marugán, ha tramitado en 2020 un total de 28.020 quejas, lo que suponen un aumento del 26,4% con respecto a las 20.616 que se registraron un año antes. La institución ha presentado este jueves 6 de mayo de forma telemática ante el Congreso y el Senado su informe correspondiente al año pasado, en el que relaciona este aumento de reclamaciones con las medidas políticas y sanitarias tomadas durante la pandemia del Covid-19.
En el documento, se habla de forma concreta de quejas presentadas ante el Defensor contra los decretos del Gobierno de medidas urgentes en materia económica; para la gestión de la situación de la crisis sanitaria; de medidas complementarias en el ámbito laboral (los ERTE); para reducir la movilidad de la población durante la pandemia; para la implementación del Ingreso Mínimo Vital; o sobre la educación no secundaria, entre otras.
En este contexto, el Defensor del Pueblo ha registrado también un gran aumento de las solicitudes de recurso de inconstitucionalidad y amparo que, en 2020 alcanzaron las 909, frente a las 135 que se registraron un año antes.
La Institución ha explicado que estos recursos de inconstitucionalidad fueron estudiados, tras lo cual, fueron desestimados en el momento procesal oportuno, por entender el Defensor que no se daban los elementos que determinasen la violación de derechos fundamentales que requiriesen la formulación ante el Tribunal Constitucional de las impugnaciones demandadas.
Más de 400 actuaciones de oficio
Por su parte, la Institución ha llevado a cabo 406 actuaciones de oficio (el año anterior realizó 372). De ellas, 117 se pusieron en marcha dentro de la labor que realiza el Defensor del Pueblo en su condición de Mecanismo Nacional de Prevención (MNP), recoge en informe.
Una de estas investigaciones se realizó en relación a la puesta en marcha del estado de alarma y con el objetivo de atender «la multitud de escritos de ciudadanos» que, sobre esta materia, y «bajo la intensa alteración de la vida cotidiana que supuso el confinamiento domiciliario», recibió el Defensor del Pueblo expresando su queja y pidiendo amparo al Constitucional.
Toda esta actividad, según explica el documento, ha culminado en 616 recomendaciones del Defensor del Pueblo y 1.181 sugerencias sobre los diversos temas que se han presentado durante el año pasado.
Urge a las CCAA a aumentar las inspecciones en residencias

«Es urgente que las comunidades autónomas aumenten su capacidad inspectora, dado el gran número de residencias existente y los diferentes modelos de gestión», subraya el Defensor del Pueblo en su informe anual, al que ha tenido acceso Europa Press, y que se ha publicado este jueves 5 de mayo.
La institución señala que ha recibido «numerosas» quejas por lo ocurrido en las residencias de mayores durante la pandemia y lamenta que lo que ha sucedido en ellas «pone de manifiesto el escaso interés por la dignidad de las personas que en ellas están internadas», así como un «inadecuado modelo de atención a los mayores».
El Defensor del Pueblo atribuye este «fracaso» a «las insuficiencias que se puedan atribuir a los propietarios, empresarios privados» así como a «la deriva que desde el establecimiento del actual sistema han incurrido las administraciones competentes, permitiendo un fenómeno generalizado de privatización, agravado por su escasa actividad inspectora».
Tras precisar que el 72,8% de las plazas residenciales para mayores son de titularidad privada, Fernández Marugán precisa que, en la medida en que las administraciones «externalizan» los cuidados, deben efectuar «un control mucho más estrecho».
Entre las posibles causas del drama en las residencias, el Defensor del Pueblo cita la «subestimación del riesgo» que entrañaba la Covid-19 durante los meses de enero y febrero; los primeros aislamientos preventivos ineficaces –pues no se tenía en cuenta a los asintomáticos–, o la saturación de los servicios sanitarios.
«La asistencia sanitaria, bien en hospitales o en los propios centros residenciales, no llegó a tiempo», constata el Defensor del Pueblo, subrayando la necesidad de «reforzar la coordinación de los centros residenciales con los servicios autonómicos de salud».
Derivación a hospitales
En este sentido, sobre el protocolo de derivación a hospitales, la institución explica que lo «ético y exigible» es «singularizar clínicamente» las decisiones de esta naturaleza y «nunca» basarlas en «restricciones genéricas referidas únicamente a una determinada condición como la edad, la discapacidad o el grado de dependencia».
Además, señala que, en caso de que no haya indicación médica de hospitalización, tiene que garantizarse que en la residencia el mayor tendrá la atención sanitaria debida, y debe estar prevista la inmediata medicalización de los centros.
«Durante los dos primeros meses de la pandemia, esta medida no se llevó a cabo, o se hizo de manera muy imperfecta en muchos casos y territorios», advierte Fernández Marugán.
En este contexto de falta de «planes eficaces de contingencia», con «plantillas muy ajustadas», y con «infraestructuras y recursos materiales básicos y en muchos casos insuficientes», el Defensor del Pueblo insta a abordar «una revisión del modelo residencial geriátrico».
Entornos más pequeños
En concreto, la institución viene recomendando en los últimos años que se tienda a la generación de «entornos más pequeños y domésticos», en los que resulte más fácil primar sobre todo la calidad de vida, el respeto a la autonomía y la dignidad de las personas mayores; un entorno que además, facilitaría el control de pandemias, según indica.
También reclama la revisión al alza de las ratios obligatorias de personal de atención directa para mejorar la calidad asistencial, especialmente de auxiliares gerocultoras. «No debe aplazarse», subraya el Defensor.
Asimismo, aconseja incorporar en todas las normativas autonómicas sobre residencias la presencia de profesionales de enfermería, medicina, fisioterapia, psicología, terapia ocupacional y trabajo social; y mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras, con «bajos salarios y alta la temporalidad».
Sobre la imposición de prohibiciones absolutas de salidas de mayores de las residencias o sobre las visitas de familiares y amigos, el Defensor dice que supone «una afectación intensa de la libertad de movimientos» que, «en caso de establecerse en cualquier circunstancia y sin posibilidad alguna de modulación, puede resultar desproporcionada».
«Para proteger a los mayores y a los trabajadores de las residencias, mientras dure la emergencia sanitaria causada por la pandemia y persista el peligro para la salud pública, algunos derechos fundamentales de los residentes pueden restringirse pero la restricción, para ser proporcionada e idónea, habrá de condicionarse a la situación de riesgo epidemiológico en el centro y en su ámbito geográfico, y ajustarse a las condiciones personales de los usuarios», subraya.
El Defensor del Pueblo también advierte de una «falta de datos homogéneos» sobre las residencias de mayores y la «dificultad en obtenerlos», por lo que pide «un protocolo común de declaración de datos muy detallado y coordinado con definiciones únicas y herramientas modernas de gestión de datos».
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